Los vampiros y las enfermedades

La generalización del fenómeno del vampirismo, llevó a algunos científicos a estudiar el caso seriamente, quienes finalmente hallaron una explicación que se acerca bastante a lo que puede haber sucedido en realidad.
En la época del oscurantismo, se consideraba como señal inequívoca del ataque de un vampiro o de estar convirtiéndose en uno, la aparición de tres enfermedades: la anemia, la talasemia y la porfiria.

Anemia

Su nombre deriva del griego y significa «falta de sangre». En realidad, la anemia no presenta un nivel bajo de sangre, si no un escaso nivel de glóbulos rojos. Éstos, llamados también hematíes, son las células encargadas de transportar el oxígeno a través de la sangre y, cuando están por debajo del nivel normal, se produce una
oxigenación deficiente del cuerpo, causando debilidad física y una serie de anormalidades en algunos hábitos.
Sus síntomas son:
• Respiración débil y pausada.
• Fatiga constante.
• Palidez en la piel.
• Desórdenes digestivos que impiden comer con normalidad, provocando intolerancia a gran cantidad de alimentos.
Se puede adquirir por tres vías principales:
• Espontáneamente.
• Pérdida severa de sangre.
• De manera congénita o hereditaria.
La creencia de que una persona anémica había sido atacada por un vampiro o se estaba convirtiendo en uno, dependía de la gravedad de sus síntomas, especialmente cuando se presentaba la intolerancia a los alimentos y la excesiva palidez en la piel.

Talasemia

Es una enfermedad hereditaria, que produce una anemia crónica.

Porfiria

Esta enfermedad coincide mucho más con el mito del vampiro. Se trata de una enfermedad genética, causada por el mal funcionamiento de la secuencia enzimática del grupo HEM o HEMO de la Hemoglobina. El grupo HEM es el encargado de transportar el oxígeno desde los pulmones hacia el resto de las células del organismo.
Sus síntomas son:
• Extrema sensibilidad a la luz solar.
• Piel muy pálida.
• La piel puede abrirse fácilmente ante cualquier herida y no se cicatriza apropiadamente.
• Crecimiento extremadamente rápido del cabello, provocando el llamado hirsutismo, incluso en lugares no habituales (dorso de los dedos, manos, mejillas, nariz). Esto se debe a la protección natural que provoca el organismo ante el efecto nocivo del sol.
• La piel de los labios se ciñe más a la mandíbula, remarcando los caninos.
• Desgaste de los caninos, produciendo su afilamiento, lo que les hace parecer más grandes de lo usual.
• Color de los dientes ligeramente rojizo.
• Deficiencias digestivas e intolerancia a varios alimentos.
Los enfermos de porfiria, por lo tanto, sólo podían salir de noche, pues la exposición a la luz solar les provocaba un dolor extremo. Además, el consumo de ajo les provocaba dolor y un agravamiento de los síntomas.
Si bien es cada vez menos frecuente , la porfiria aún no tiene cura
y algunos síntomas ni siquiera pueden ser aliviados.
El principal tratamiento que se sigue en la actualidad es la inyección de concentrados de glóbulos rojos o soluciones de Grupo HEM o HEMO, además de la prescripción de filtros solares de la más alta graduación.
De todos modos, hasta principios del siglo XX, este tratamiento era imposible, ya que el Grupo HEM ni siquiera había sido descubierto. De algún modo, los antiguos enfermos porfirices sintieron la necesidad de beber grandes cantidades de sangre, descubriendo que esto les aliviaba.
La naturaleza genética de esta enfermedad, el comportamiento en-dogámico de algunas comunidades y otros factores medioambientales podrían haberla desencadenado en ciertas personas genéticamente predispuestas, lo que podría haber generado la idea de que aquél que fuera mordido por un vampiro, también se convertiría en uno de ellos.
Muchas de las drogas y compuestos orgánicos que destruyen el grupo HEM, tienen mucho en común con uno de los principales constituyentes del ajo, lo que justificaría la intolerancia a este alimento.
Ésta es una de las hipótesis más verosímiles acerca del mito, no sólo del vampiro, si no también del licántropo u hombre lobo.

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