Historias sobre vampiros 4

Se puede ver que, generalmente, cuando se exhuma a los vampiros, sus cuerpos parecen rosados, flexibles y bien conservados. Sin embargo, a pesar de todos estos indicios de vampirismo, nunca se actuaba contra ellos sin una orden judicial.

Se Citaba y escuchaba a los testigos, se examinaban las razones de los demandantes, se consideraban con atención los cadáveres, y si todo demostraba la presencia de un vampiro, entonces se le entregaba al verdugo, quien, procedía a quemarle.

A veces, estos espectros aparecían hasta tres y cuatro días después de su ejecución, aún cuando sus cuerpos hubieren sido reducidos a cenizas. A menudo se difería el entierro de ciertas personas sospechosas por un período de seis o siete semanas.

Cuando ellos no se pudrían, manteniendo sus miembros flexibles y su sangre fluida, entonces se procedía a quemarles. Se aseguraba que los trajes de estos difuntos se movían y cambiaban de lugar sin que ninguna persona los tocara. El autor de Magia Posthuma cuenta que en Olmutz se veía, a fines del siglo XVII, a uno de estos vampiros no enterrados, lanzando piedras a los vecinos y molestándoles terriblemente.

Calmet informa, como una circunstancia particular, que en las aldeas infestadas de vampiros, cuando una persona iba al cementerio o visitaba las fosas, podía ver que éstas tenían dos, tres o más hoyos del grosor de un dedo. Si se escarbaba en estas fosas, siempre se hallaba un cuerpo flexible y rosado. Si se cortaba la cabeza de este cadáver, salía sangre fluida de sus venas y de sus arterias, fresca y abundante.

Entonces, los sabios benedictinos se preguntaron si estos hoyos que aparecían en la tierra podían contribuir a la conservación de una especie de vía de respiración (de vegetación) haciendo más creíble su retorno al mundo de los vivos; de todos modos, estos sabios pensaban con razón que esta idea, fundada por lo demás en los hechos, no era ni probable ni digna de atención.

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