Historias sobre vampiros 3

También en el siglo XVIII se hablaba sobre los resucitados del tipo de la historia anterior. En muchos lugares, cuando eran desenterrados, se les hallaba perfectamente frescos y sonrosados, con sus miembros flexibles y manipulables, sin mostrar signos de putrefacción, pero despidiendo una gran hediondez.
Agustín Calmet asegura que en su tiempo solían verse vampiros en las montañas de Silesia y de Moravia. Aparecían a pleno día, así como en la mitad de la noche, y se podía ver cómo se movían y cambiaban de lugar las cosas que les habían pertenecido, sin que persona alguna pareciera tocarlas. El único remedio contra estas apariciones era cortar su cabeza y quemar su cuerpo. Hacia el año 1725, un soldado que montaba guardia en las fronteras de Hungría vio entrar, durante la comida, a un desconocido que se sentó a la mesa cerca del jefe de la casa, quien se asustó mucho, así como el resto de la concurrencia. El soldado no sabía qué pensar, y temía ser indiscreto haciendo preguntas, ya que ignoraba de qué se trataba. Cuando el dueño de casa murió al día siguiente, el soldado trató de conocer al sujeto que había provocado esta muerte, y decidió poner a toda la casa en acción. Le dijeron que aquél desconocido era el padre del dueño de la casa, que estaba muerto y enterrado desde hacía diez años, y que al venir así, a sentarse cerca de su hijo, había traído la muerte. El soldado contó esta historia en su regimiento, y pidió a los oficiales que dieran cuenta del caso al conde de Cabreras, capitán de infantería, para realizar un informe sobre este hecho. Cabreras se dirigió al lugar con otros oficiales, un cirujano y un auditor, escucharon las exposiciones de toda la familia, quienes atestiguaron que el resucitado era el padre del dueño de casa, y que todo lo que había contado el soldado era exacto. Además, la historia fue confirmada por gran parte de los habitantes de la aldea. En consecuencia, se hizo desenterrar el cuerpo de este espectro, comprobando que su sangre era fluida, y su carne tan fresca como la de un hombre que acaba de morir. Se procedió entonces a cortarle la cabeza, volviéndole a colocar después en su tumba. Luego de recibir otras denuncias similares, se exhumó a un hombre que había muerto hacía treinta años, y que había regresado
tres veces a su casa, a la hora de la comida. La primera vez había succionado el cuello de su propio hermano; la segunda, el de uno de sus hijos y la tercera, el de un valet de la casa. Los tres murieron casi instantáneamente. Cuando este viejo vampiro fue desenterrado se le encontró, como al primero, con la sangre fluida y el cuerpo fresco. Entonces, se le colocó un gran clavo en la cabeza, y se le volvió a colocar en su tumba. Más adelante, el conde de Cabreras hizo quemar a un tercer vampiro que estaba enterrado hacía dieciséis años, y que había succionado la sangre de dos de sus hijos, causándoles la muerte. Después de estos tres episodios, la región se tranquilizó.

Volver a Vampiros