El diccionario infernal

En el año 1865, se publica en París el Dictionnaire Infernal, un lujoso volumen, con gran profusión de grabados, que trata sobre brujas, demonios, magia y una interesante sección sobre vampiros, compuesta por la recopilación de una serie de artículos que, al haber sido escritos antes de la popularización del mito creado alrededor de obras como el «Drácula» de Bram Stoker, tienen un valor particular a la hora de analizar este fenómeno.
A continuación, se transcriben algunos fragmentos de estos escritos.
«Lo más notable con respecto a las historias sobre vampiros, es que han compartido con los filósofos – esos otros demonios – el honor de asombrar y confundir a la humanidad del siglo XVIII; han espantado la Lorena, la Prusia, la Silesia, Polonia, Austria, Rusia, la Bohemia, y sobre todo el norte de Europa. En cada siglo, ciertamente, se ha presentado de acuerdo a la moda; en cada país, como bien lo menciona el señor Calmet, se han tenido
precauciones y se han sufrido enfermedades. Pero los vampiros no se han mostrado en todo su esplendor durante los siglos bárbaros ni en los pueblos salvajes: lo han hecho en el siglo de Di-derot y de Voltaire, es decir en la Europa plenamente civilizada. Reciben el nombre de upiers o upires, de vampiros en Occidente de bruculaques o vroucolacas en Moreé, y de katahanés en Ceilán, aquellos hombres muertos y enterrados que – después de muchos años, o por lo menos muchos días – regresaban en cuerpo y alma, hablaban, caminaban, infestaban las aldeas, maltrataban a hombres y animales, y sobre todo, succionaban la sangre de sus prójimos, agotándolos hasta producirles la muerte (ésta es la definición que da el R.P. Calmet). No era posible librarse de sus visitas peligrosas y de sus infestaciones hasta que se les exhumaba, se les empalaba, se les cortaba la cabeza, se les arrancaba el corazón o se les quemaba.
Los que morían succionados, habitualmente se transformaban, a su vez, en vampiros. Los diarios públicos de Francia y de Holanda hablan, en 1693 y 1694, de vampiros que solían aparecer en Polonia, y sobre todo en Rusia. En el Mercure Galant de esos años se puede ver que era una opinión muy común en los pueblos, que los vampiros aparecían después del mediodía y hasta la medianoche; que succionaban la sangre de hombres y de animales vivos, con tanta avidez que a menudo esa sangre les salía por la boca, por la nariz y por las orejas, y algunas veces sus cadáveres nadaban en sangre, en el fondo de sus ataúdes.
Se decía que estos vampiros, al padecer continuamente de un gran apetito, también comían la ropa que se encontraba a su alrededor. Además, salían de sus tumbas por la noche para abrazar violentamente a sus parientes o amigos, succionando su sangre mientras les apretaban la garganta, impidiéndoles que gritaran. Los succionados se debilitaban de tal modo que morían casi inmediatamente. Las persecuciones no se limitaban a una sola persona, también se extendían de un vampiro hasta el último de la tamilia o de la aldea, salvo que se interrumpiera el curso cortan do la cabeza o perforando el corazón de un vampiro, cuando se encontraba el cadáver blando y flexible, pero fresco, a pesar de haber muerto mucho tiempo atrás. Debido a que de sus cuerpos manaba gran cantidad de sangre, había quienes la mezclaban con harina para hacer pan. De este modo, pretendían que al comer ese pan lograrían protegerse de los atentados del vampiro.

Volver a Vampiros