Los Arcanos mayores: El Ermitaño

tarotObserva bien este arcano. ¿Qué ves? ¿Acaso un hombre envejecido y débil que busca penosamente su camino? No. En efecto, se trata de un hombre viejo, pero su expresión denota cierta fuerza, una energía interior. Su aspecto nos demuestra que no está buscando su camino, sino que nos enseña la vía.
LA LINTERNA Y EL BASTÓN
El Ermitaño es un guía. La linterna que sostiene con la mano derecha ante su rostro sirve para indicar el camino a seguir, para iluminarlo. Viene a mostrarnos la luz. El libro bíblico de la Sabiduría (7,26) advierte que una de las propiedades del conocimiento, de la sabiduría, es su «resplandor de luz eterna». Y, según la leyenda, las últimas palabras que dijo el romántico Goethe en su lecho de muerte fueron «luz, más luz». Hoy día, la luz conserva el significado metafórico de «aprender, descubrir o tomar conciencia de alguna cosa, estar informado».
Por otro lado, sabemos que, según una antiquísima expresión popular (ámbito siempre rico en enseñanzas), ser persona «de pocas luces» equivale a andar algo escaso de entendimiento. En esta carta del tarot, el portador de la linterna es un vigilante. La linterna simboliza la conciencia siempre despierta, el alma eterna, la vigilancia, la previsión, la prudencia, la clarividencia, la iluminación interior. Así, el Ermitaño se nos muestra como un maestro de la luz, un guía, un iniciador. Sostiene la antorcha, la tea, la lámpara de la auténtica luz, la de la verdad, esa lámpara que, según su etimología, sirve tanto para iluminar como para brillar, en el sentido de ser glorioso y victorioso. Así pues, vemos que nuestro Ermitaño sabe perfectamente dónde está y adonde va. Nos dice: «¡Yo sé. Sigúeme!».
En cuanto al bastón, es una representación simbólica de la serpiente o de las fuerzas de energía principales, regeneradoras, terrestres o cósmicas, que circulan por nuestra columna vertebral, de abajo arriba y de arriba abajo, sin interrupción. Esta vara tiene como referencia la de Moisés, el profeta de Dios, el Mago, la vara bue se transformó en serpiente para manifestar la cólera de Yahvé (Dios de Israel), la que mostró el camino y abrió el mar Rojo para ofrecer al pueblo hebreo una nueva tierra prometida, después de haberlo guiado por el desierto. Por supuesto, también se trata del caduceo de Hermes.

Sigue leyendo >>>