Los Arcanos mayores: La Estrella

tarotPiensa en el ángel de La Templanza. Nos ha revelado y dado a la vez el tiempo y el sentido de la medida, que favorecen el buen uso de las fuerzas, energías, recursos que todos llevamos dentro. Sin embargo, con el tiempo, las energías primigenias y vitales se han desviado de su función inicial y de su principio original. El Diablo las ha tomado para utilizarlas con otras finalidades, con el objetivo de ejercer una influencia sobre el mundo físico y material. Este desvío y esta toma de posesión fueron el origen de una caída, un hundimiento, representados en La Torre, la torre fulminada (torre que simboliza la presunción, el orgullo del hombre que cree poder elevarse solo y físicamente hasta Dios). Nos encontramos aquí ante el pecado en estado puro, al menos en el sentido que se entiende normalmente por pecado: falta, culpabilidad, transgresión. El verbo pecar, sin duda derivado del cruce de una raíz latina y del sánscrito, significaba en un principio «dar un paso en falso».
Cuando damos un paso en falso, tropezamos o caemos. El término hebreo que significa pecado, pesha, tiene ante todo el sentido de «paso, marcha, progresión». De lo que se deduce que pecar es progresar o transgredir. Es una elección, una opción con la que el hombre cuenta, y sólo es cosa suya decidir qué uso hará de este gran principio original que está en él, de estas energías que circulan en él. ¿Las dirigirá hacia el exterior para ejercer una influencia sobre el mundo físico y material? o ¿las orientará hacia el interior, hacia él mismo, para producir esta «inversión de luces» a la cual hicimos alusión en el signo Acuario y que para él será el origen de una liberación y revelación?
LIBERACIÓN Y REVELACIÓN
Estos dos términos han sido tan mal utilizados que actualmente ya no significan gran cosa para nosotros. En cierta forma, se les ha vaciado de su sentido y contenido. Así ocurre que nos preguntamos de qué tendríamos que ser liberados y qué nos podría ser revelado.
Esta mujer desnuda, de rodillas a orillas del agua, que vacía dos ánforas bajo un cielo lleno de constelaciones, nos lo explica. En efecto, no se trata de liberarse de vínculos exteriores, sino de volver al curso normal de las cosas dejando que las corrientes de vida circulen por sí solas, que van de abajo arriba y de arriba abajo, como las corrientes del agua en la Tierra.

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