Los Arcanos mayores: El Juicio

tarotGeneralmente se da una tendencia a adjudicar un carácter religioso a este arcano, asociándolo al Juicio final o al Juicio de Dios. En efecto, la imagen que figura en esta lámina -un hombre desnudo, en pie junto a una tumba, alzándose entre los muertos, rodeado por otro hombre y una mujer que rezan, mientras en el cielo, un ángel hace sonar una trompeta- presenta numerosas analogías con el «Juicio final después de la resurrección de los muertos», o con la resurrección de Jesús, tal como se nos cuenta en los Evangelios.

Sin embargo, como casi siempre ocurre con los arcanos mayores del tarot adivinatorio, no basta con leer las imágenes bajo el ángulo de nuestra cultura judeo-cristiana, también hay que interpretar los símbolos que figuran en este arcano para comprender su sentido. Así, la palabra «juicio», que deriva del latín judicem, significa también «enseñar el derecho a través de la palabra» o «dictar el derecho». Por tanto, aquí es la noción de discernimiento, el otro sentido de «juicio», el que prevalece.

EL DISCERNIMIENTO
Recordemos que el decimoctavo arcano, la Luna, nos mostraba un eclipse, aludiendo así a las tinieblas contenidas en la luz, mientras que el decimonoveno, el Sol, nos revelaba la Sabiduría divina bajo forma de luz que ofusca o enloquece, si no se la asimila correctamente. En uno y otro caso, se trataba de separar la luz de las tinieblas, la luz exterior de la luz interior. Todo lo que deriva del Juicio se puede cumplir, la distinción, la separación, el reconocimiento, vocablos todos sinónimos de «discernimiento». El hombre, cubierto por la túnica de piel que le fue otorgada en su caída (Génesis 3, 21), se muestra tal como es, despojado de todo artificio. De esta manera, deja que brille la luz que lleva dentro. Ya no hay razón para tener vergüenza de su desnudez, es decir, de ser él mismo. Ha sabido discernir lo verdadero de lo falso, lo justo y lo injusto. Las informaciones, que condicionan su existencia y le hacen vivir en la esperanza y el miedo, ya no provienen del mundo exterior, sino de su mundo interior, de sí mismo. Se trata de una revelación.

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