El Ocho

tarotEl Número 8 es el de la mutación constante, el de un principio primordial que pasa de la vida a la muerte y de la muerte a la vida de forma continua, casi tan impensable para nosotros que no podemos evitar fijar nuestro pensamiento de tan convencidos como estamos de ser eternos.

Según los discípulos de Pitágoras, el 8 -que vemos representado bajo cuatro formas distintas, como siempre sucede con los arcanos menores- se considera el primer Número cúbico (8=23). Ahora bien, así como el cuadrado y el círculo forman un todo, engendrándose el uno al otro permanentemente, el cubo y la esfera también se contienen el uno en la otra y se reproducen hasta el infinito. Por eso, el cubo se consideró un principio terrestre, y la esfera un principio celeste.

Por último, el Numero 8 también se ve asociado al octavo signo del zodíaco, Escorpio, pero sobre todo, a menudo se relaciona con el segundo regente de este signo, Plutón, que reina en las profundidades inexploradas de la Tierra que nuestros antepasados asociaban a los Infiernos, los mundos subterráneos, las fuerzas primordiales generadoras de toda vida, pero que también podían revelarse destructoras, mortales e irreversibles. Sin embargo, por su analogía con la noción de infinito, se supone evidentemente que con el 8 no hay nada definitivo, que se trata de un campo de fuerzas continuo que se regenera permanentemente, yendo de lo más profundo a lo más alto, o a la inversa, un poco como circula el movimiento del agua en la Tierra y en la atmósfera.

Regeneración es, pues, la palabra clave de la cifra 8 tal como aparece en los arcanos menores. Razón por la cual anuncia casi siempre una crisis, evidentemente saludable, es decir, necesaria y liberadora de nuevas energías. Cuando uno de los arcanos menores con el Número 8 aparece en una tirada, algo se interrumpe bruscamente, ya que no puede continuar su camino, su movimiento, su evolución, sin ser regenerado, reconsiderado y renovado. La fuerza del 8 es poder renacer antes incluso de que las cosas hayan ido hasta un estadio último y sin retorno.

Por eso, esta rotura, esta ruptura, este paro del destino, no es un paro mortal sino un signo de vida eterna o, más exactamente, de una vida que no puede morir, de un flujo que, al regenerarse, no puede interrumpirse ni detenerse.

Volver a Tarot