¿Qué es el sueño?

A pesar de los miles de textos que se han escrito sobre el tema en todos los idiomas, todavía sabemos muy poco acerca del fenómeno del sueño. Todas las investigaciones y los estudios han sido realizados necesariamente basándose en el recuerdo que tiene el durmiente del sueño vivido. Durante el sueño es imposible formular ningún tipo de observación directa, siendo necesario estar despiertos para poder hacer las primeras consideraciones, pero una parte importante del contenido del sueño ya se ha olvidado.
Veamos brevemente cuáles son las características fundamentales del fenómeno onírico.
Según el diccionario, el sueño es una secuencia de imágenes más o menos coherentes que se presentan mientras dormimos.
De esta simple definición ya podemos sacar algunas consideraciones: la primera es la diferencia entre el sueño y la actividad imaginativa que podemos tener despiertos. Cuando nos abandonamos a imaginar algo podemos quedar sorprendidos por la incoherencia de nuestros pensamientos; en cambio, mientras dormimos podemos soñar situaciones absurdas e imposibles sin sorprendernos.
Por tanto, es evidente que dado que tanto el sueño como la imaginación son independientes de nuestra voluntad, el sueño no es más que una forma particular de imaginación que se produce mientras se duerme.
Otro aspecto importante de este fenómeno es su aparente falta de sentido lógico. Podemos soñar con lugares que no conocemos, con situaciones que nunca hemos vivido, con personas muertas desde hace tiempo, con amigos a los que hace años que no vemos. Nos asustamos por tonterías y permanecemos impasibles ante grandes peligros. Podemos sentir alegría o terror, pero no nos sorprendemos de nada, y nunca ponemos en duda la importancia de la situación en que nos encontramos. Los conceptos de espacio, tiempo y gravedad pierden su valor universal.
Sigmund Freud escribe a este respecto: «Como es sabido, el sueño puede ser confuso, incomprensible, e incluso absurdo; las cosas que dice se pueden contradecir con todo lo que sabemos de la realidad, pero nosotros nos comportamos como enfermos mentales, puesto que mientras soñamos atribuimos a los contenidos del sueño una realidad objetiva».
La única excepción se puede producir cuando, por así decirlo, y generalmente durante una pesadilla, conseguimos quitar la máscara al sueño y, aunque tan sólo sea en el ámbito de la sensación, sabemos limitar el miedo que sentimos.
Antes hemos hablado de la imaginación que permite crear imágenes y situaciones, pero no hay que pensar que necesariamente nuestra mente invente en el sueño situaciones imposibles y paradójicas. De hecho, en la mayoría de los sueños se elaboran situaciones, conceptos, y pensamientos que hacen referencia a nuestra vida real, y por tanto forman parte de nuestro modo de pensar. En la práctica, se libera una especie &z fantasía imaginativa que llega desde el fondo de nuestra conciencia.
Y es este enlace con la realidad, con la cultura y con los deseos del durmiente lo que convierte los sueños en algo tan importante. Los sueños son el fenómeno más personal y subjetivo que existe. Hablan de nosotros y de nuestra forma de ser, pero para comprenderlos es necesario saber interpretarlos.

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