¿Qué es dormir?

El sueño ocupa un tercio de la vida de los humanos; una persona que viva setenta y cinco años gastará en el sueño cerca de veinticinco, lo que puede provocar el remordimiento de la pérdida de esas decenas de miles de horas derrochadas en un acto aparentemente tan inútil como el de dormir. Esta concepción del reposo no es baladí, pues ya Aristóteles decía que era un período de la vida que privaba al humano de la conciencia, y más adelante se llegó a pensar que el ritmo de vida despierta y reposo característico de los mamíferos no era más que un acentuado defecto de la naturaleza. Es por este motivo por el cual una de las quimeras de la humanidad ha sido desde siempre reducir el tiempo dedicado, o desperdiciado, en el reposo durante el que se duerme. Sería algo así como prolongar la vida.
Sin embargo, esta ilusión es fabulosa, pues el sueño, al contrario de lo que representaría en una concepción erróneamente vitalista, representa un período de la vida imprescindible para el organismo, como puede deducirse de que todos los animales empleen un trecho de la vida en dormir. El sueño constituye una falta de actividad necesaria para la existencia, aunque sea extremadamente complicado responder a las preguntas que resultan de la naturaleza del sueño. Dicho de otro modo: se sabe que los humanos duermen, se conoce el beneficio de tal función para las personas, es evidente cuanto hay que respetar el reposo ajeno y tanto en la mente como en el cuerpo existe la conciencia de haber transcurrido unas horas durmiendo al despertar.
No obstante, es difícil dar respuesta a una definición concreta y precisa del fenómeno del sueño, pues la complejidad reside en el resultado que representa el sueño para el organismo y en la cadencia del ritmo de vida despierta y vida en reposo en los centros nerviosos que mantienen la conciencia o la desactivan como si de un interruptor se tratase.
El sueño es un período de descanso durante el que el cuerpo y la mente se recuperan de la fatiga padecida durante la vigilia, y en el que la mayor parte de las funciones del organismo se mantienen aletargadas. Tratemos ahora de lo que sucede en el cerebro y en los músculos durante el transcurso del sueño.
Se pensaba en un principio, antes de investigar la actividad cerebral durante el reposo, que el sueño se iniciaba con un adormecimiento cuya primera fase era la duermevela, que más adelante se transformaba en un somero sueño, el cual se hacía más profundo hasta un límite en el que emprendía el proceso inverso volviéndose más ligero hasta que se encendía la conciencia al despertar. Estas conclusiones se obtuvieron tras comprobar en durmientes voluntarios las diversas intensidades de los estímulos que se requerían para provocar la interrupción del sueño. Kollhschüter, en 1862, comprobó que hacia más allá de la primera hora de sueño y hasta pasada la tercera eran necesarios sonidos más intensos para despertar a los sujetos. A partir de ese momento el sueño evolucionaba reduciendo la profundidad hasta alcanzar el despertar, por lo que pasadas las cuatro o cinco horas no era necesario un ruido estridente para que los voluntarios despertasen.

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