Jung, el inconsciente colectivo y los arquetipos

Carl Gustav Jung fue un seguidor aventajado de Freud que llegó a registrar alrededor de dos mil sueños anuales, aunque difería acentuadamente de las ideas de Freud, pues no concebía los sueños como argumentos simbólicos que encerraban significados latentes; según Jung, se trataba de un aspecto de la psique humana que envía un mensaje determinado a la mente.
El germen de las teorías jungianas tiene origen en un sueño en el que el propio psicólogo se encontraba recorriendo una casa desde los pisos superiores hasta el sótano y aun más abajo, donde había una oquedad excavada en el núcleo terrestre en la que encontraba utensilios de cerámica, huesos y un par de cráneos.
La interpretación le dio la clave para desarrollar el aspecto más afamado de su idea acerca de los sueños: debajo de la conciencia existe el estrato del inconsciente, bajo el que aún hay un nivel inferior en el que se desenvuelven los instintos primarios que hay en cada persona. Tal primitivo nivel es un rasgo que tenemos todos los seres humanos desde el primer poblador de la tierra hasta los más evolucionados e inteligentes sabios. Se trata del inconsciente colectivo, un aspecto que resultaría capital en el desarrollo de sus concepciones acerca de los sueños.
Jung reconocía que no sabía cuál era el germen de los sueños y albergaba serias dudas respecto a la forma de interpretarlos, a la que modestamente no osaba tildar de método; sin embargo, sentía que el exhaustivo análisis de un episodio onírico podía proporcionar un auxilio beneficioso para la comprensión de las tendencias inconscientes.
Jung defendía que los sueños más importantes tenían el punto de partida en el más profundo rincón del inconsciente colectivo, que definió como una persona abstracta en la que se reunieran los rasgos de hembras y varones al margen de infancia, senectud, nacimiento y muerte, que tuviera un equipaje de vivencias tan extenso como la propia historia humana. Si esa invención friese real el personaje soñaría episodios atempérales y albergaría un conocimiento y una sabiduría de tal magnitud, que podría desentrañar la clave oculta en todos los sueños, pues habría conocido experiencias individuales, familiares, tribales, nacionales, además de tener conciencia de las tres etapas de la vida: infancia, edad adulta y vejez. El inconsciente colectivo, pues, no es un ser individual, sino el flujo de experiencias, gentes e imágenes que recorren todos los sueños de todos los humanos desde la noche de los tiempos.
Jung defendía que los sueños más relevantes para la vida de las personas se dan en la juventud, preferentemente durante el cambio de la adolescencia a la edad adulta, en los casos en los que se debe afrontar una transformación profunda o en las puertas de la muerte. Son los que requieren un análisis más profundo para interpretarse, pues contienen una abundante carga simbólica procedente de ese bagaje común a toda la humanidad, que constituye la biblioteca universal del inconsciente colectivo. Acostumbran a contar con la participación de héroes y monstruos, suceden en cuevas y a menudo consisten en la búsqueda tesoros. Son sueños que se desarrollan en el ámbito de los cuentos, los mitos y las leyendas que forman parte del patrimonio cultural de la experiencia humana general. Junto a estos sueños mayores, existen otros que son los más frecuentes y que beben en las fuentes de la vida diaria, mediante episodios, recuerdos y experiencias que guarda cada persona en la propia mente. Se trata de esos sueños en los que vuelven a nuestra mente las preocupaciones personales, los recuerdos vividos y los deseos que albergamos en el alma.

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