Cómo recordar los sueños

Uno de los rasgos más acentuados de los sueños es que se olvidan casi completamente, hasta el extremo de que hay personas que saben que han soñado, pero que no recuerdan el contenido del episodio onírico, lo que conduce a buscar un motivo para que no se mantengan en la memoria a no ser que hagamos un esfuerzo y procuremos retener el argumento soñado.
Los sueños se pierden en el limbo fácilmente; basta una distracción, el sonido del despertador o la simple activación de la conciencia que desecha maquinalmente el recuerdo de lo ocurrido durante la noche, a no ser que haya habido en el sueño un rasgo, un suceso, una presencia que hayan causado una emoción intensa. Los experimentos efectuados en este sentido indican que alrededor de diez minutos después del despertar apenas se recuerda el contenido de un sueño. Esta particularidad contrasta con algunos autores y psicólogos que narran sueños propios y de sus pacientes con un lujo de detalles propio de un fabulista, lo que advierte del peligro que se corre si no se aplica el esfuerzo de recordar deliberadamente el desarrollo de los sueños y se suplen las lagunas mediante el auxilio de la imaginación, lo que representa antes un retroceso que un avance en la intención de interpretar los sueños. De ahí que hagamos hincapié en la importancia de ejercitar la memoria para tratar de obtener un relato de los sueños lo más fiel posible; de ese modo, obtendremos una información más rica con el objeto de servirnos de ella para aplicar las enseñanzas de los sueños en la vigilia.
El recuerdo de los sueños, como hemos apuntado más arriba, requiere una serie de pequeños esfuerzos y condiciones que han de seguirse durante un período hasta que se logre la inercia de tener la memoria entrenada para que se acostumbre a fijar los rasgos que nos puedan servir para la vigilia.
En primer lugar es aconsejable estar convencido de que se desea recordar los sueños, porque no son fruslerías, no son distracciones que ayudan a pasar el rato de reposo, sino que realmente se deben concebir como una serie de apreciables mensajes del inconsciente que conviene atender, escuchar y, en determinados casos, seguir.
De ese modo, hemos de adquirir la conciencia de que los sueños son pequeños tesoros, bien es cierto que carentes de valor material, pero que incluyen una enseñanza y una perspectiva libre de tapujos, tabúes y represiones. Los sueños ayudan a conocernos, a vernos tal como somos y ayudan a cobrar conciencia de los propios rasgos, virtudes y defectos, carencias, dolores y pánicos. Y es indudable que cuanto mejor conocimiento se posea de uno mismo, mejor y más adecuada será la respuesta que demos ante los obstáculos, los problemas, las discusiones y los conflictos.
Conviene adoptar una postura relajada y cómoda en el lecho, tras haber ingerido un ágape ligero en la cena y preferentemente sin tomar alcohol, drogas y pastillas para dormir, pues los somníferos contribuyen a lograr un reposo físico pero anulan la fase de sueño REM.

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