Superarnos rápidamente de una larga enfermedad

Dicen que, de cien enfermedades, cincuenta las produce el sentimiento de culpa, treinta las propicia el miedo y veinte la ignorancia. A este veinte por ciento nos vamos a dedicar en las líneas sucesivas.
Confucio decía que «la ignorancia era la noche de la mente, una noche sin luna y sin estrellas». Nosotros añadimos que no es cierta la supuesta felicidad de «ojos que no ven, corazón que no siente», ya que la ignorancia no nos redime de culpas ni responsabilidades y tampoco nos priva de las consecuencias que se puedan derivar de los acontecimientos ocultos a nuestros ojos, puesto que energéticamente pueden afectar seriamente los flujos que regulan la salud y el bienestar.
Si deseamos recuperarnos rápidamente de una dolencia, además de abrir la conciencia e intentar vislumbrar los hilos invisibles que dominan nuestra vida, realizaremos el potente ritual que seguidamente vamos a detallar, pidiendo a Babalú Ayé que nos ayude a recobrar la energía perdida.
INGREDIENTES
1 paño de tela de saco. 1 plato blanco. Harina de maíz. Agua de coco.
1 pañuelo.
1 cebolla morada pequeña.
Papel de seda morado.
1 lapicero.
1 copa de un buen vino seco.
7 velas moradas.
Cerillas de madera.
Hojas de laurel.
PREPARACIÓN
En primer lugar, extenderemos la tela de saco sobre la superficie de una mesa, ya que será sobre su superficie donde realizaremos todas las operaciones que seguidamente vamos a detallar. No quisiéramos seguir con la explicación del procedimiento sin antes advertir de la conveniencia de que este ritual se realice preferentemente en un día 17 de cualquier mes. A modo de mera información, también diremos que es el 17 de diciembre (San Lázaro) la fecha en la que los santeros celebran especialmente a Babalú Ayé, su Orixá protector contra todo mal y enfermedad.
Encima del tapete ya dispuesto sobre el plato blanco mezclaremos la harina de maíz con el agua de coco hasta formar una masa que reservaremos tapada con un pañuelo que haya llevado el enfermo tocando la piel durante veinticuatro horas.
Procederemos a escribir nuestra petición en el papel de seda, tomaremos la cebolla morada, la partiremos en dos mitades y en su centro depositaremos el papel tapándolo con la otra mitad.
Tomaremos la masa reservada hecha con la harina de maíz y el agua de coco. Con ella envolveremos bien la cebolla, de manera que quede completamente cubierta, como si del corazón del bollo se tratara, formando la figura de un panecillo. Con la uña del dedo pulgar de la mano derecha grabaremos en la superficie superior del panecillo las iniciales de la persona con problemas de salud, y en su reverso o parte en la que repose sobre el plato su fecha de nacimiento.
Derramaremos la copa de vino seco en el interior del plato y sobre dicho líquido pondremos el panecillo mágicamente preparado. Acto seguido, rodearemos el recipiente con las siete velas, las encenderemos con cerillas de madera y pediremos a Babalú Ayé que resuelva a favor del enfermo, acorte la convalecencia y le ayude a salir del trance con salud y energía renovadas.
Cuando las velas se hayan consumido por completo, taparemos el plato con el pañuelo blanco y envolveremos todo el conjunto atándolo con las cuatro puntas del paño de tela de saco, a modo de hatillo. La citada magia deberá depositarse debajo de la cama del enfermo, cuya habitación fregaremos a diario con agua en la que hayamos cocido diecisiete hojas de laurel. Además, también a diario, prenderemos una vela morada a san Lázaro.
Una vez se haya restablecido la persona con problemas de salud, tomaremos el hatillo y lo iremos a enterrar a un bosque limpio que tengamos la seguridad de que está muy poco concurrido. Como siempre, agradeceremos el favor recibido haciendo caridad y comprometiéndonos a ayudar a nuestros semejantes.