Superar el insomnio y conciliar el sueño

El escritor Edgar Allan Poe opinaba que «todo lo que vemos o representan nuestros ojos no es sino sueño dentro de otro sueño». Justificaciones filosóficas aparte, lo que sí estamos en condiciones de afirmar es que el ser humano entrega a los brazos de Morfeo un tercio del tiempo total de su existencia. Este espacio de tiempo, traducido en sueño, regula nuestro organismo, nos proporciona descanso, fomenta la imaginación y la creatividad y hace posible que el ciclo biológico discurra con normalidad y eficacia.
En ocasiones, atravesamos circunstancias que, por la preocupación que representan, espantan el sueño de nuestras noches, condenándonos a dar vueltas en la cama a la espera de que el ansiado sopor aparezca y propicie el descanso.
Existen unas normas básicas que nos pueden ayudar a regularizar el ciclo del sueño, como pueden ser: mantener una regularidad horaria, ingerir alimentos ligeros y no acostarnos en plena digestión, mantener el dormitorio en orden y la comodidad tanto en la ropa de cama como en la que utilizamos para dormir, ventilar la habitación y mantenerla a la temperatura óptima, realizar unos sencillos ejercicios de relajación y respiración y poner en práctica el ritual que detallamos seguidamente.
INGREDIENTES
1 pequeña ollita de cerámica o barro con tapa.
1 cucharada de flores de manzanilla.
1 cucharada de pétalos de violeta.
1 cucharada de flores de valeriana.
1 cucharada de pétalos de amapola.
Esencia de jazmín.
1 bolsa de tela de color rosa pálido.
Cinta del mismo color para atar la bolsa.
1 plato blanco.
1 vaso de cristal tallado transparente.
Agua bendita.
1 pequeño cuarzo piramidal transparente (que tenga punta en ambos extremos).
1 terrón de azúcar. Sal común.
PREPARACIÓN
Para iniciar el siguiente ritual esperaremos que el cielo se vea visitado por la luna nueva. El primer día que dicha fase de la luna apunte en el horizonte, a las nueve de la noche (hora solar), cogeremos todas las flores arriba indicadas y las depositaremos en el interior de la ollita, que deberemos dejar a la intemperie durante veinticuatro horas.
Paralelamente, llenaremos el vaso con el agua bendita e introduciremos el cuarzo, pasando a tapar dicho vaso con la bolsa vacía de color rosado. Pondremos el vaso tapado junto a la olla y lo dejaremos también a la intemperie, en su compañía, las mismas veinticuatro horas.
Cuando el tiempo prescrito haya concluido, es decir, a las nueve de la noche del día siguiente, introduciremos tanto la olla como el vaso en el interior de la casa y procederemos a rellenar la bolsa con las flores de manzanilla, violeta, valeriana y amapola, derramando nueve gotas de esencia de jazmín sobre las mismas. Cerraremos la bolsa con nueve nudos apretados y la depositaremos en el interior de nuestra almohada, en la parte que toca al colchón.
A continuación, introduciremos en el vaso, que contiene desde el día anterior el agua bendita y el cuarzo, un terrón de azúcar. Pondremos dicho recipiente centrado en el plato blanco y lo rodearemos de sal, cubriendo toda la superficie que va desde la base del vaso hasta el borde del plato.
Dicho vaso deberá estar siempre debajo de la cama, colocado en el lugar aproximado en donde descansa nuestro cuerpo. Cambiaremos el agua cada nueve días, renovando también el terrón de azúcar. Realizaremos el mismo proceso con la sal contenida en el plato.

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