Ritual para frenar maledicencias y murmuraciones

El filósofo griego Plauto opinaba respecto a las murmuraciones que más valía su «buen nombre» que todas las riquezas que pudieran ofrecerle. Y Plauto sabía muy bien de qué hablaba.
Las murmuraciones, los chismes y las maledicencias son las hermanas gemelas de la mentira. Habitualmente, las personas que ensucian tanto su karma como su espíritu difundiéndolas esconden su cobardía, envidia u odio bajo la capa de las buenas maneras, intenciones y aparente inocencia.
La murmuración y el descrédito suelen expandirse como una mancha de aceite, ensuciando nuestra vida e interponiéndose tanto en las relaciones personales como en el terreno profesional, estableciendo insalvables distancias o un frío muro de cristal entre nosotros y nuestros interlocutores, aunque se trate de los seres más queridos.
Si deseamos desterrar y erradicar la murmuración y el descrédito de nuestra existencia, además de enfocar de manera transparente tanto nuestros sentimientos como los principios y posición que desempeñamos en la situación concreta que se ha puesto en entredicho, deberemos apoyarnos en la realización del ritual que seguidamente vamos a detallar.
INGREDIENTES
1 vela marrón y cerillas de madera.
1 pedazo de papel marrón de embalar.
1 lapicero.
1 lengua de cerdo.
1 cuchillo nuevo.
Sal gorda.
9 granos de pimienta negra.
1 aguja de coser de tamaño grande.
Hilo recio de color negro.
Manteca de cerdo.
Azúcar de caña.
1 cazuela de barro.
1 paño negro.
PREPARACIÓN
El presente ritual deberemos realizarlo un miércoles al anochecer en el que la luna esté en fase menguante.
En primer lugar, grabaremos nuestro nombre en la vela. Acto seguido, la encenderemos para que rija e ilumine el proceso que detallamos a continuación. En el pedazo de papel de embalar escribiremos nuestro nombre rodeándolo de un círculo y debajo el de la persona que nos quiere mal, así como nuestro deseo de que cesen las críticas y murmuraciones.
Haremos una incisión en la lengua de cerdo y la salaremos interna y externamente. En el interior de la incisión, depositaremos el papel de nuestra petición junto con los nueve granos de pimienta.
Pasaremos la aguja por la llama de la vela, cuidando de no quemarnos, y tras enhebrarla procederemos a coser la incisión hecha en la lengua, de manera que tanto el papel como la pimienta queden completamente ocultos en su interior. Cerraremos todo el conjunto con nueve vueltas de hilo, haciendo nueve nudos bien fuertes.
Untaremos la lengua con la manteca de cerdo de manera que queden a su alrededor unos dos centímetros de dicho material. Depositaremos la lengua así engrasada en la cazuela de barro y la cubriremos completamente con el azúcar de caña.
Concluiremos el ritual pidiendo a Oyá nuestro deseo mientras derramamos nueve lágrimas de la cera en cada punto cardinal de la cazuela, es decir, 9 gotas al norte, 9 al sur, 9 al este y 9 más al oeste, lo que nos dará un total de 36 gotas.
Dejaremos que la vela se consuma por completo y depositaremos sus restos en el centro de la cazuela, sobre la lengua mágicamente preparada. Mantendremos el recipiente veinticuatro horas a la intemperie. Transcurrido ese tiempo, lo envolveremos en un paño negro e iremos a enterrarlo a los pies de un ciprés.

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