Ritual de Obbatalá para recuperar la paz perdida

La sociedad a la que pertenecemos y nos vemos inmersos nos succiona por medio de una simbólica espiral energética que no siempre es gratificante, positiva y sustentadora.
En numerosas ocasiones nos enfrentamos a estados anímicos que, aun sin revestir gravedad, nos alejan del eje fundamental en el que se sustentan todos y cada uno de los motores que componen nuestra existencia, sumiéndonos en el desasosiego y la consiguiente pérdida de visión de los objetivos propuestos.
El ritual que a continuación vamos a detallar nos será de gran ayuda si lo que precisamos es reunir y reorganizar la energía perdida, facilitándonos el que nos reencontremos con nuestra paz de espíritu y seamos capaces, con sobriedad, ánimo y sentido común, de salir del bache emocional, material o sentimental en el que nos encontramos inmersos.
INGREDIENTES
Un cuarzo transparente.
Agua de lluvia.
Un pañuelo blanco de algodón.
Hilo blanco.
Un papel de pergamino.
Una vela blanca de tamaño pequeño y cerillas de madera.
Una cazuela de barro.
Miel de azahar.
Hojas de tilo.
PREPARACIÓN
En primer lugar, untaremos la vela con miel de azahar empezando por la mecha y terminando por la base de la vela. Seguidamente, lavaremos el cuarzo transparente con el agua de lluvia, encenderemos la vela y secaremos el cuarzo con ayuda de su purificador fuego. Sobre el papel de pergamino escribiremos con lápiz ocho veces el nombre de la persona que deseamos recupere la paz de espíritu.
Proseguiremos con el ritual, envolviendo el cuarzo con el papel escrito y formando con ambos un rollo que ataremos con el hilo blanco, cerrándolo con ocho nudos. Untaremos el fondo de la cazuela con un poco de miel de azahar y crearemos sobre ésta un lecho de hojas de tilo. Sobre dicho lecho depositaremos el cuarzo envuelto y lo taparemos todo con más hojas de tilo. Permaneceremos junto a la cazuela, pidiendo a Obbatalá por la persona que deseamos sea amparada por él hasta que la vela se haya consumido por completo. Los restos de cera los depositaremos en el interior de la cazuela. Esta operación la repetiremos durante veintiún días seguidos.
Transcurridos los veintiún días, deberemos enterrar el cuarzo en una maceta de barro que contenga una planta de flor blanca. La cazuela debemos tirarla a un contenedor o vertedero cercano a la casa.

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