Recuperar la armonía familiar

hechizo
La familia es un núcleo en el que se conjugan diversos elementos. Para que la unión familiar sea posible, además del amor, la comprensión y el espíritu de ayuda, todos los miembros que la componen han de tener abiertas las vías de la comunicación para que a través del diálogo puedan limarse los roces derivados de la convivencia. Si este diálogo no es posible, los problemas tienden a agrandarse y al final el abismo que separa a las personas que viven bajo un mismo techo puede ser insalvable.

Es evidente que la familia es el espejo de la sociedad y que el tiempo que nos ha tocado vivir no favorece, precisamente, la convivencia. Los medios de comunicación nos bombardean constantemente con una información que forma parte de nuestra vida y entorno pero que nos aleja, por la pasividad que implica su recepción, de los problemas y circunstancias propias, adormeciendo nuestra conciencia y distrayendo la atención del núcleo de dificultades que atravesamos nosotros, en primera persona.

El círculo familiar no tiene que ser una figura cerrada, sino más bien un espacio en el que poder compartir ambiciones y experiencias. No obstante, también debemos tener presente que cada elemento que compone nuestra familia posee una vida propia y que, en ocasiones, las crisis emocionales o los problemas personales y laborales pueden enturbiar el feliz transcurrir de la convivencia.

Si deseamos que todas las personas con las que compartimos un espacio común y unos profundos lazos sentimentales se aunen en armonía y que nuestro hogar se vea favorecido con la concordia, la felicidad y el progreso, tomaremos buena nota del ritual que describimos seguidamente y procederemos a realizarlo al pie de la letra.

INGREDIENTES

1 pañuelo azul.
Varias velas azules.
Cerillas de madera.
Esencia de romero.
1 plato hondo blanco.
1 puñado de algas marinas.
1 medalla de plata de cualquier imagen, pero que deberá haber sido usada al menos durante siete días.
1 fotografía de todos los miembros de la familia (puede ser colectiva o individual).
1 puñado de berros.
7 pedazos de jabón de coco.
1 concha plana de tamaño regular.
7 cucharadas de agua de mar.
7 cucharadas de agua de manantial.
7 cucharadas de agua bendita.
7 cucharadas de miel de romero.
1 jarrón blanco o plateado.
Flores blancas.

PREPARACIÓN

En primer lugar, pondremos el pañuelo azul encima de una mesa. Seguidamente, grabaremos en una vela los apellidos de la familia que deseamos unir y la untaremos con la esencia de romero desde la mecha hacia la base y la encenderemos.

Pondremos el plato frente a la vela y en su fondo depositaremos las algas. Encima de éstas colocaremos la medalla de plata y sobre ella la fotografía de todos los elementos de la familia, en cuyo dorso habremos escrito los nombres completos (nombre y apellidos) y las fechas y lugar de nacimiento. Cubriremos todo el conjunto con el puñado de berros cortados a pedacitos, junto con los siete trozos de jabón de coco.

Cogeremos la concha plana y pondremos en su interior el agua de mar, la de manantial y el agua bendita junto con las siete cucharadas de miel de romero, lo mezclaremos bien con nuestro dedo corazón de la mano derecha y cuando esté emulsionado lo derramaremos sobre el interior del plato.

Sellaremos el ritual tapando el plato y todo su contenido con la concha, en la que habremos derramado siete gotas de cera. Envolveremos el conjunto con el pañuelo y lo guardaremos durante siete días en un sitio oculto pero preferente de la casa, es decir, en un lugar donde se reúna la familia. Habitualmente, el espacio más idóneo suele ser en la parte superior de un mueble alto situado en el salón-comedor.

Cuando hayan transcurrido los siete días indicados, tomaremos el paquete que contiene el ritual y lo entregaremos al mar, procurando que no sea devuelto a la orilla, pidiendo a Yemayá que interceda por la unidad del hogar y todos los miembros que componen la familia.
Mantendremos durante siete días más una vela azul perpetuamente encendida en honor a Yemayá, junto a un jarrón en el que depositaremos un ramo confeccionado con siete flores blancas a las que renovaremos el agua a diario.

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