Oyá o Yansá

Oyá o Yansá

Virgen de la Candelaria

Oyá o Yansá, como también se la conoce, es la divinidad que rige las tempestades, los tornados, los huracanes y las violentas tormentas que arrasan a su paso. Dicen que estos desastres naturales son el resultado de la ira de Oyá. También es la dueña de las plazas y los mercados. Representa la atmósfera y el aire que respiramos. Comparte con Changó, su esposo, el secreto del fuego y tiene poder sobre los espíritus de los difuntos.
Vive en las puertas de los cementerios, protegiendo y cuidando a los muertos. En el mismo momento que una persona muere, Oyá «baja» y le sacude su iruke (cola de pelo de caballo negro) en el rostro en señal de bienvenida al cementerio, limpiándolo a la vez de cualquier mala influencia. El difunto debe entrar purificado al reino de los muertos donde Oyá ejerce de cuidadora, sepulturera y portera.
Cuando alguien fallece, en las ceremonias yorubas dispensadas al muerto se solicita a una de sus hijas que baile el tambor. Oyá está directamente relacionada con el fenómeno de la muerte.
Oyá se sincretiza en la religión católica con la Virgen de la Candelaria, la Virgen del Carmen y santa Teresa de Jesús. Es la diosa del río Níger y las tallas de madera que la representan lo hacen con nueve cabezas alusivas a las nueve desembocaduras de dicho río. A Oyá pertenece todo el cobre que existe en este planeta. Las herramientas de esta Orixá son una corona de nueve picos de la que penden nueve piezas que simbolizan el trabajo, la vida y la muerte. Entre sus atributos está una careta hecha de cobre que representa el carro de la muerte, un rabo de pelo de caballo negro, dos espadas desenvainadas y los cuernos de un búfalo.
Los collares más comunes de Oyá suelen confeccionarse con cuentas de color marrón. En los banquetes que se le ofrecen hay profusión de flores naturales multicolores, la mesa se cubre con un mantel rojo púrpura y los platos de ofrenda son blancos. Le gusta el arroz blanco sazonado, las berenjenas crudas o guisadas, los aguacates, los frijoles, la yuca y las granadas. Oyá se abstiene de comer carnero y manteca de corojo.
Los cantos ofrecidos a Oyá son de una belleza poco frecuente. Graves y solemnes, casi siempre invocan la justicia y la paz. Sus bailes son vertiginosos, arrogantes, convulsivos y violentos. De movimientos rápidos, fogosos y sensuales, muestran su voluptuosidad cargando simbólicamente al iruke con el fuego purificador que servirá para limpiar a todos los que se hallen a su alrededor. En el baile, el cuerpo se desliza girando siempre hacia la izquierda formando remolinos.
Los hijos de Oyá suelen ser autoritarios, poderosos, voluptuosos y sensuales. Son terribles e imprevisibles sus reacciones frente al enfado, sobre todo cuando dicho enfado es producto de los celos. Son tremendamente fieles cuando están enamorados y seguros de la correspondencia de su pareja pero, ante un resquicio de duda, pueden manifestarse como personas infieles y sumamente promiscuas.

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