Ofrenda a Elegguá para que se nos abran los caminos

Cuando las cosas no acaban de funcionar bien y el mundo de las emociones nos juega malas pasadas, presentando ante nuestros ojos múltiples espejismos; cuando por mucho que trabajemos no podemos disfrutar de los frutos de la realización y cuando los desajustes físicos y anímicos contaminan nuestra vida, se nos está anunciando que no podemos dejar al azar nuestro destino ni esperar un golpe de suerte que despeje y allane el camino. Si deseamos que nuestros caminos se abran encaminándonos a reales, auténticas y felices realizaciones, además de mantener una actitud positiva, una mente activa y un buen ánimo, nos será de suma ayuda practicar el siguiente ritual.

INGREDIENTES
Un plato de barro.
Pata de conejo deshuesada y cocida en aceite de soja.
Harina de maíz.
Un poco de ron negro.
1 arenque ahumado.
1 pedazo de esparto.
1 vela blanca, marcada con rayas rojas y negras.
Cerillas de madera.

PREPARACIÓN
Mezclaremos todos los ingredientes con las manos, exceptuando el esparto, y formaremos una bola bien redonda. Pondremos la bola en el centro del plato y picaremos finamente el esparto, con el que rebozaremos la bola y cubriremos el fondo del plato. Encenderemos la vela y pediremos a Elegguá o al Niño de Atocha que nos abra los caminos de la prosperidad y la realización, procurando solicitar un deseo que pertenezca a un sector concreto de nuestra vida. Dicha vela deberá renovarse a diario.
Colocaremos por tres días consecutivos la ofrenda a los pies de una imagen de Elegguá o del Niño Jesús de Atocha. En el caso de carecer de ambas, las personificaremos con un coco seco. Transcurrido el tiempo indicado, llevaremos la bola a un cruce de caminos y la dejaremos allí, renovando nuestra petición a Elegguá.

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