Librarnos de los celos

Un proverbio chino reza que «no hay rosas sin espinas ni amor sin celos», pero cualquier persona que haya estado sujeta y sometida al terrible monstruo de los celos reconocerá en ellos a un fantasma de velar y enturbiar el más profundo de los amores.
El mundo del amor es tan sutil y subjetivo que ni siquiera es capaz de definirlo el sujeto que vive en primera persona dicha emoción. El amor, expresado en términos geómetras, no es una línea plana que nos conduce al infinito, ni un círculo cerrado, ni un cuadrado que emula una dorada jaula de cristal… El amor es una línea quebrada, emocionante, sinuosa y absolutamente viva, que igual nos puede llevar al abismo de los infiernos como a la cima más elevada y sublime del universo.
Pero es muy difícil hablar de amor sin hacer mención a los celos. Aparentemente, ambos están ligados como si de las caras de la luna se tratase. Una nos alumbra en las noches, nos inspira y nos embelesa y la otra cara, la oculta y oscura, nos sumerge en la mayor de las inseguridades, nos produce el mayor de los miedos y hace incluso que emprendamos iniciativas de las que, a buen seguro, podemos arrepentimos a corto plazo.
Y es que en realidad, por mucho que nos duela, hay en los celos más amor propio que amor. Los celos pueden convertirse en el peor de los males y el dolor que menos mueve a compasión a la persona que los causa. Si no queremos que el monstruo de los celos devore nuestro corazón y nuestra mente, recomendamos que, con mucha positividad y cariño, pasemos a realizar el ritual que seguidamente detallamos.
INGREDIENTES
1 pañuelo o paño grande de color lila o morado
1 plato hondo de color blanco.
1 berenjena morada partida en dos mitades.
La fotografía de la persona celosa (puede ser la nuestra propia).
Tinta de color morado.
1 cucharada de miel de azahar.
1 cucharada de azúcar de caña.
1 cucharada de azúcar cande.
1 cucharada de azúcar blanco molido.
1 cucharada de vainilla en polvo.
1 palo largo de canela.
4 velas blancas y cerillas de madera.
PREPARACIÓN
En primer lugar, extenderemos el pañuelo y sobre él depositaremos el plato blanco. En el fondo del plato pondremos la mitad de la berenjena y en su interior la fotografía, en cuyo dorso habremos escrito el nombre y la fecha de nacimiento de la persona que desea librarse de los celos. Sobre la fotografía, derramaremos la miel, las tres clases de azúcar y la vainilla.
Ayudados del palo largo de canela, iremos dibujando sobre la superficie de la mezcla anteriormente citada el nombre de la persona que desea alejarse del terrible sentimiento de los celos. Dicha escritura simbólica se deberá repetir cinco veces. Mientras, al mismo tiempo, diremos el nombre en voz alta y solicitaremos ayuda a Oyá. Seguidamente, taparemos la berenjena con su otra mitad.
A continuación partiremos en cuatro trozos el palo de canela, lo pondremos sobre el plato formando la figura de una cruz y cubriremos el recipiente con las puntas del pañuelo sobre el que hemos realizado el descrito ritual. Lo cerraremos como si formásemos un hatillo, es decir, con cuatro nudos cruzados. Rodearemos el paquete con las cuatro velas blancas orientadas a los cuatro puntos cardinales y las encenderemos, como siempre, con una cerilla de madera. El ritual anteriormente descrito deberá realizarse en un miércoles, que es el día de la semana en el que rige Oyá. Las velas se encenderán a diario y se renovarán cada miércoles a la misma hora. Transcurridas cinco semanas, enterraremos el plato atado con el pañuelo en una maceta que situaremos cerca de la puerta de nuestra casa. Sobre la tierra de dicha maceta deberemos plantar una planta de hoja grande y dura.

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