Librarnos de energías negativas y maleficios

Cuando somos receptáculos de las malas vibraciones, cuando la envidia, el odio, el rencor y los celos pasan a la acción tomando las nefastas formas mágicas de los maleficios, debemos proteger el entorno y tomar medidas en lo que a nuestra persona se refiere.
El miedo, ese sentimiento tan natural, es la peor baza que podemos jugar. Si bien es sabido que estamos hablando de un sentimiento inconsciente y en ocasiones positivo, ya que forma parte del instinto de conservación, en el caso que nos ocupa el miedo va a ser el responsable de debilitar nuestra voluntad y el artífice que logrará bajar todas las barreras de protección de las que disponemos.
Ninguna fuerza es capaz de doblegar la voluntad de un hombre seguro. Los caminos se pueden torcer, pero jamás la convicción. Amparándonos bajo la capa azul que cubre los hombros de Yemayá, en amoroso abrazo, vamos a recuperar la firmeza y el sosiego perdido. Realizando el ritual descrito en líneas sucesivas, vamos a ser capaces de romper las malas energías a las que estamos sometidos, transmutándolas en bienestar y progreso.
INGREDIENTES
7 velas azules.
Cerillas de madera.
7 pañuelos con los distintos matices del color azul, que puede ir del azul cielo pasando por azul oscuro, el índigo, marino, eléctrico, turquesa, añil, brillante, pastel, etc.
1 prenda personal usada tocando la piel durante 24 horas.
1 recipiente de metal plateado (acero, plata, alpaca/ aluminio…).
Esencia de romero. Esencia de ruda. Esencia o zumo de perejil. Nuestro perfume personal. 1 puñado de sal marina. Romero en rama. Ruda en rama.
1 paño negro.
PREPARACIÓN
En primer lugar, encenderemos las siete velas azules y alumbrados por ellas coseremos una medalla o moneda a cada uno de los siete pañuelos. Seguidamente, los anudaremos junto con nuestra pieza de ropa personal, de manera que queden todos unidos, semejando una cadena.
Depositaremos los pañuelos dentro del recipiente plateado y derramaremos sobre éstos la esencia de romero, la de ruda, la de perejil y nuestro perfume personal. Acto seguido, pasaremos los pañuelos atados junto con nuestra prenda de ropa por la llama de las siete velas procurando que, sin llegar a quemarse, se ahumen.
A continuación, en el mismo recipiente metálico que contenía los pañuelos, pondremos un puñado de sal marina y sobre éste la ruda y el romero en rama, cortado en pequeños pedazos. Encenderemos el conjunto con ayuda de una cerilla de madera y cuando empiece a desprender humo pasaremos por encima de éste toda la cadena de ropa anudada mientras pedimos a Yemayá que aleje de nosotros todo mal y nos proteja de las energías negativas y maleficios que afectan a nuestra existencia en su diario transcurrir.
Para finalizar, una vez se hayan consumido las siete velas, nos ataremos a la cintura las piezas de tela anudadas y dormiremos con ellas durante siete noches.
En caso de tener pareja y no desear que ésta se entere del ritual que estamos realizando, podremos sustituir las piezas de ropa anudadas a la cintura depositándolas bajo el colchón, justo en el lugar de la cama que ocupamos para dormir.
Pasado el tiempo indicado, envolveremos las piezas de ropa anudadas en un paño negro y las enterraremos bajo una hermosa mata de romero.

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