Cobrar una deuda

El dicho que reza: «Quien presta dinero pierde un amigo» se suele cumplir en una inmensa mayoría de los casos. Si somos de estas generosas personas que, teniendo en cuenta las necesidades de los demás, les damos una «inyección» de liquidez procedente de nuestra propia cuenta corriente, como mínimo esperamos que, en contrapartida, la devolución de dicho préstamo se realice de forma cordial, puntual y agradecida. En caso de no ser así, y antes de asumir el riesgo de descapitalizarnos, procederemos a realizar el ritual que a continuación se indica.
INGREDIENTES
1 cazuela de barro.
1 papel rojo.
Tinta negra.
1 limón grande.
Limaduras de oro.
Limaduras de plata.
Aceite de oliva virgen.
Miel de eucaliptos.
Azúcar de caña.
Manteca vegetal.
Picadura de tabaco de pipa.
4 monedas doradas.
1 cinta de color negro.
Aguardiente de caña.
PREPARACIÓN
En primer lugar, escribiremos en el papel el nombre de la persona que nos adeuda y la cantidad que nos tiene que pagar. Seguidamente, con ayuda de un cuchillo, realizaremos una incisión a la naranja por la que extraeremos buena parte de su pulpa. Mezclaremos todos los ingredientes con las manos, a excepción de la cinta negra y el aguardiente; los envolveremos con el papel de forma apretada y lo introduciremos en el interior de la naranja. Acto seguido, procederemos a atarla con la cinta negra, rematando la operación con cuatro agujas que tengan la cabeza del mismo color de la cinta.
Colocaremos la naranja en el centro de la cazuela, le soplaremos el aguardiente y la dejaremos al pie de una imagen del Niño Jesús de Atocha, o de un Elegguá, si lo poseemos, por espacio de ocho días.
Transcurrido el tiempo indicado, enterraremos la cazuela y su contenido en un campo sembrado.

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