Baño para ganar coraje y valentía

Calderón de la Barca decía que «el valor es hijo de la prudencia, no de la temeridad». Nosotros complementamos su opinión señalando que tanto el coraje como el valor son aliados que se conquistan poco a poco y día a día.
Afortunadamente, en la vida no suceden excesivos eventos que requieran de golpes de valentía excesiva. Es fácil entregar todo el coraje en un hecho puntual acaecido bajo presión o en una situación extrema de peligro. Lo difícil es mantenernos en una línea ascendente de valentía y coraje constantes. Que nuestras acciones respondan a criterios basados en la justicia y el recto proceder, desprendiéndose de consideraciones de temor que sólo serán un lastre muerto y poco operativo en el desenlace de nuestras realizaciones.
No es cierto que nunca nadie haya escrito un libro de cobardes, muy al contrario. Éstos son los que más abundan y de su falta de carácter y personalidad se nutren las dictaduras, las relaciones coactivas y las situaciones de sutil pero fragante injusticia. De nosotros dependerá que, sin desplegar ningún acto o pensamiento violento, encaremos la vida y las circunstancias con coraje y valentía. De nosotros y de la ayuda que nos va a dispensar el baño que seguidamente vamos a detallar.
INGREDIENTES
1 litro de agua de manantial.
1 puñado de maíz.
1 puñado de alpiste.
1 pedazo de hoja de palmera.
1 puñado de hojas de cedro.
1 pequeña piedra volcánica.
1 paño blanco.
27 gotas de esencia de cedro.
1 bolsita de seda roja.
1 bolsa de plástico negra.
PREPARACIÓN
Pondremos el agua al fuego y, en el momento en que empiece su ebullición, tiraremos el maíz, el alpiste, el pedazo de hoja de palmera y las de cedro, juntamente con la piedra volcánica. Transcurrida media hora, apartaremos la olla del fuego y trituraremos todo su contenido a excepción de la piedra volcánica. Una vez adquiera la textura de una pasta, colaremos el conjunto y guardaremos los restos sólidos en el interior de un pañuelo que ataremos con cuatro fuertes nudos.
Envolveremos la piedra volcánica en hojas de cedro y la colocaremos en el interior de la bolsa de seda roja.
Llenaremos la bañera con agua caliente y derramaremos sobre ésta el agua resultante de la cocción realizada anteriormente y las 27 gotas de esencia de cedro. Nos sumergiremos completamente en el agua, cabeza incluida. Nos pondremos de pie e iremos restregando el pañuelo atado, en el que hemos depositado los restos sólidos de la magia, por todo el cuerpo, empezando por la base de la nuca y terminando en los talones de ambos pies. Procederemos, seguidamente, a secarnos al aire.
Tras vaciar la bañera, envolveremos el pañuelo con una bolsa de plástico negra y la dejaremos a los pies de un árbol de tronco alto y duro. Durante quince días consecutivos prenderemos una vela roja y otra blanca a Changó renovando nuestra petición. En el transcurso de todo este tiempo, deberemos ponernos alguna prenda de ropa de color rojo y no separarnos de la bolsa que contiene la piedra volcánica. Dicha bolsa la llevaremos las veinticuatro horas del día tocando la piel.
El baño anteriormente descrito podemos repetirlo cada vez que notemos que nuestras fuerzas y energías desfallecen.

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