Alejar las desgracias

El ser humano suele tener suficiente fortaleza para soportar las desgracias ajenas, pero cuando los negros nubarrones que anuncian las épocas de mala suerte inciden directamente sobre él, las cosas cambian.
En ocasiones, sin saber cómo ni por qué, se conjugan un montón de circunstancias que inciden en que la suerte nos dé la espalda y los acontecimientos se sucedan desgranando multitud de imprevistos desagradables y acontecimientos sorpresivos. Dichos acontecimientos suelen afectar a todos los parámetros de nuestra vida y cuando los padecemos perdemos la perspectiva de las cosas, encadenándonos nosotros mismos al inmovilismo que sólo propicia la inoportunidad y la desgracia.
El ritual que seguidamente vamos a detallar va a facilitar que la desgracia se aleje de nuestra vida. Pero, además, será conveniente y necesario el que nos hagamos un serio replanteamiento de las situaciones y nos desprendamos de los viejos parámetros inoperantes y obsoletos.
INGREDIENTES
4 litros de agua destilada.
17 granos de sésamo o ajonjolí.
17 hojas de laurel.
La cascara pulverizada de 7 huevos blancos.
7 cucharadas de salvia.
7 cucharadas de sal marina.
7 copitas de vino seco.
1 limón partido en siete trozos.
1 cubo nuevo de fregar.
1 bayeta o trapo de algodón blanco.
1 vela morada por cada habitación a limpiar.
Cerillas de madera.
4 bolas de alcanfor por estancia.
PREPARACIÓN
Pondremos los cuatro litros de agua destilada al fuego y cuando empiece a hervir incorporaremos todos los ingredientes en las proporciones anteriormente enumeradas a excepción, evidentemente, de las velas y las bolas de alcanfor.
Transcurrida media hora, colaremos todos los elementos contenidos en el agua y procederemos a llenar el cubo de fregar nuevo, estando ya preparados para limpiar de malas vibraciones todas y cada una de las habitaciones de la casa.
Empezaremos la limpieza energética, abriendo todas las ventanas de la casa y comenzando a fregar por la habitación que se encuentre más lejos de la puerta de entrada a nuestro hogar. Además, deberemos tener en cuenta las siguientes consideraciones generales.
En primer lugar, las habitaciones deberán estar escrupulosamente limpias, ordenadas, sin restos de polvo, haciéndose esto extensivo a techos, marcos de puertas, ventanas y cristales. Procederemos a efectuar la limpieza general de la manera que tengamos por costumbre, pero sin utilizar productos químicos agresivos.
En segundo lugar, deberemos cambiar el cubo con el agua en cada habitación, arrojando el agua sucia en el inodoro, procurando no derramar ni una gota.
Y en tercer lugar, y para finalizar, realizaremos «la limpieza» a plena luz del día y siempre fregando cada estancia en dirección a la puerta de salida.
Una vez realizado todo lo indicado, ya estaremos dispuestos a proceder a limpiar mágica y energéticamente nuestra casa, negocio o despacho. Llenaremos el cubo de fregar con tres partes de agua del grifo y una del potente cocimiento. De rodillas, pasaremos el paño humedecido por todos los bajos, parte posterior y altillo de los muebles que se encuentren en la estancia, incluyendo las lámparas tanto de pie como de techo.
Acto seguido, limpiaremos la parte visible de los muebles, las puertas y los marcos de las ventanas. Una vez hayamos realizado dichas operaciones, ya estaremos en condiciones de proceder a fregar el suelo del piso.
Cuando hayamos limpiado toda la casa, incluyendo patios, inodoros, cocinas y anexos exteriores, fregaremos la puerta y el porche de entrada o descansillo de la escalera. En caso de que tengamos una alfombrilla o felpudo, también deberemos lavarlo a conciencia.
Cuando el suelo de nuestro hogar esté seco, procederemos a encender una vela morada colocándola en el centro de cada habitación mientras pedimos a san Lázaro que nos proteja de todo mal físico y ataque energético. Deberemos poner también una bola de alcanfor en cada una de las esquinas de las habitaciones.
Cuando las bolas de alcanfor se hayan disuelto, es decir, al cabo de una o dos semanas, estaremos obligados a realizar un acto de caridad, en señal de agradecimiento de nuestro Orixá protector, el siempre misericordioso Babalú Ayé.

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