¿Qué son las runas?

Llamamos «runas» a un juego de 24 fragmentos de madera o piedrecitas con un signo misterioso grabado y/o pintado en cada una. Estos juegos de runas se utilizan en adivinación, como alternativa al tarot, desde la década de 1980. Sin embargo, las runas son mucho más que eso. En realidad, las runas no son las piedras en sí, sino los símbolos que se graban o pintan sobre ellas, y existen desde hace milenios.
En su dimensión gráfica, estos signos son ideogramas, esto es, representaciones simbólicas de conceptos abstractos, pero también representaciones esquemáticas de diferentes flujos de energía. Por otra parte, también son palabras, es decir, nombres de cosas que pueden evocarse tanto viéndolas escritas como oyéndolas pronunciar. Y además, son letras, es decir, representaciones de sonidos con un valor intrínseco en magia, y caracteres que sirven para transcribir frases enteras y nombres, con virtiéndolas en conjuros.
El alfabeto rúnico se denomina futhark, porque sus ocho primeras letras representan los sonidos correspondientes a nuestras, w, th (la z de «zapato» castellana peninsular), a,r y k. Por razones que se pierden en la noche de los tiempo, el orden de las runas es tan preciso como el de nuestro abecedario, pero no concide con él, y debe ser respetado si se desea que las runas no pierdan su fuerza mágica.
Además, al escribir el futhark hay que dividirlo en tres líneas llamadas aettir (singular, aett), cada una compuesta por ocho caracteres, pues cada grupo de ocho -un número mágico en la religión asatrú- está regido por un dios o fuerza cósmica diferente. La división en aettir es, además, imprenscindible a la hora de codificar las runas (véase «Runas codificadas»).
Existen numerosas variantes históricas del futhark, cada una con una diferente distribución geográfica, pero las más antigua y el origen de todas es el llamado futhark germánico antiguo, que es el que utilizaremos principalmente en este libro.
Las runas no predicen el futuro, ya que la cultura en que se gestaron no creía en la predestinación. Las runas, incluso cuando son utilizadas como herramienta de adivinación, nos ayudan a conectar con nuestro inconsciente para recuperar la sintonía con el cosmos y volver a sentir y a vivir de forma armónica. O, dicho de manera más «científica»: representan arquetipos y, por lo tanto, nos ayudan a ver nuestros propios problemas, e incluso nuestros propios sentimientos, «desde fuera».

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