El destino, el futuro, el devenir

Así pues, en general, se consultaba el oráculo para descubrir el propio destino. Esta noción de destino no tenía un sentido de fatalidad, tal como se entiende hoy en día. Se trataba más bien de una fuerza inherente a cada uno de nosotros, que nos empujaba a actuar de cierta manera, a tender hacia unas cosas y no otras, a vivir ciertas experiencias y no otras.
Conocer el propio destino es también una manera de conocerse mejor a uno mismo, para ser dueño de él y dejar de ser su víctima.
«Quien no conoce su destino nunca será un hombre», dijo Confucio. Por ello, cuando te precipites a consultar el oráculo de las runas, así como cualquier otra arte adivinatoria, nunca deberás olvidar que, al consultarlo, te consultas a ti mismo y te cuestionas, y que las respuestas que te darán deben incitarte más a responsabilizarte en tu realidad existencial o en la verdad de tu vida, que a darte seguridad sobre tu futuro.

Si es exclusivamente tu futuro lo que te interesa, entonces debes admitir que eres víctima de tu destino; puesto que consideras dicho destino como acontecimientos o circunstancias más que probables que se producirán en tu vida y contra los que no puedes hacer nada. Esto se llama «fatalidad» tal como a menudo la entienden los astrólogos hoy día.
Dicen «es fatal», cuando un acontecimiento es ineluctable e inevitable. ¿Pero qué hemos hecho o qué no hemos hecho para que lo sea? ¿En qué modo somos responsables? Además, si es demasiado tarde para impedir el final fatal, ¿qué podemos hacer a partir de este momento para evitar que un acontecimiento así se produzca? Al plantearte todas estas preguntas, lo que te preocupa deja de ser un acontecimiento fatal y pasa a ser tu devenir.

Este matiz es primordial. En efecto, te permite consultar el oráculo de las runas o, una vez más, cualquier otra arte adivinatoria, no de una forma pasiva y fatalista, sino de forma activa, inteligente y reflexiva. Razón por la que la interpretación de una tirada de las runas requiere mucha delicadeza, atención y objetividad.

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