El alfabeto de las runas

De forma más prosaica, actualmente sabemos que los símbolos representados en las piedras de las runas se inspiran en el alfabeto que usaban los celtas. La civilización celta surgió de un grupo de pueblos indoeuropeos, cuyo origen geográfico, hacia el 1500 a.C., era la Europa central, al este del Rhin, aunque se han encontrado huellas de aquellos primitivos celtas en tierras de la otra banda del río. Más tarde, entre 1200 y 700 a.C., las tribus celtas invadieron las islas Británicas y llegaron hasta el último confín occidental del continente europeo: Galicia.

Sea como fuere, en su apogeo, la civilización celta, contemporánea de la griega, se extendió hasta Italia y mantuvo una gran influencia en Europa hasta el siglo XII, es decir, ¡durante dos mil quinientos años aproximadamente!

Todavía hoy, los descendientes de los celtas de la Bretaña francesa, Escocia, Gales, Irlanda, Galicia… perpetúan la memoria de los mitos, símbolos, costumbres y cultura de su antigua cultura. No obstante, fue en el norte de Italia donde se encontraron los signos de un alfabeto utilizado por los celtas en el siglo VI a.C. Sin embargo, las letras de este alfabeto están muy próximas, a veces similares, a los símbolos que aparecen en las runas utilizadas en los oráculos con fines adivinatorios.

No podemos evitar la comparación entre estas letras del alfabeto celta -cuyos símbolos fueron utilizados por los antiguos practicantes del ru-nemal, arte adivinatorio de las runas-, las figuras geománticas utilizadas por la geomancia o adivinación a través de la tierra —llamada también ciencia de la arena y cuyo origen milenario se sitúa en el Medio Oriente, pero que fue retomado por los persas-, las letras-número del alfabeto hebreo -que constituyen el código de la cabala, a partir de las cuales se crearon los arcanos mayores del tarot adivinatorio-, y finalmente los diagramas y hexagramas del I Ching.

En efecto, en todos los casos, observamos que al principio, sea cual sea la cultura donde estaban inmersos, los alfabetos no sólo se usaban con fines prácticos, sino también mágicos, sagrados, adivinatorios… e incluso para encantamientos. Así, bajo la forma de amuletos o talismanes, las runas traían suerte, felicidad y prosperidad. Favorecían los amores y los nacimientos de niños. Servían también para curar, proteger a la comunidad de los desastres naturales, sobre todo de los rayos, así como de las enfermedades. Los símbolos de las runas se representaban a menudo en las armas y escudos de los guerreros vikingos para aumentar su fuerza.

Las runas hoy

Hoy día, las runas vuelven a cobrar interés. Ello puede explicarse por el atractivo de sus símbolos, inspirados en las letras del alfabeto celta utilizado, cuando menos, desde el siglo VI a.C. Sin embargo, las runas que utilizamos actualmente nos han llegado a través de los vikingos y los godos del siglo XII de nuestra era, es decir ¡dieciocho siglos más tarde! Ahora bien, no olvidemos que nuestros antepasados galaicos, vacceos, carpeta-nos, oretanos y lusitanos también eran celtas.

Históricamente, el griego keltai, después celtae en latín, está emparentado con la raíz gala gal, gala, que significaba «serio», «valiente», «fuerte». Así, el alfabeto celta que figura en las runas forma parte del patrimonio cultural de Europa. Al redescubrirlo, volvemos a nuestras fuentes, especialmente a la fuente del destino, que mana al pie del árbol del mundo, Yggdrasil.

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