Escudo de uso diario

Aunque tradicionalmente reservados a linajes de la realeza y a órdenes de caballería medieval, lo cierto es que no hay nada que impida actualmente a las personas comunes y corrientes a tener su propia insignia o escudo de defensa.

Sin necesidad de adquirir un escudo de metal de grandes dimensiones, la iconografía heráldica está presente en banderines, etiquetas, accesorios de indumentaria y, sin ir más lejos, en las monedas de uso corriente.

• Elija cuatro monedas con escudo en alguna de sus caras, pueden ser de uso corriente o no. Escriba su nombre a ambos lados de un papelito del tamaño de uno de los pares de monedas y, luego, pegue la dos enfrentadas, de modo que el papel con su nombre quede en el medio, y las caras de los escudos queden mirando cada una hacia fuera. Guarde esta doble moneda en una cajita de fósforos forrada de verde, conteniendo en su interior hojas de laurel.

• Ahora, pegue a ambos lados de las caras externas de la cajita, las otras dos monedas que le quedaron, con el escudo mirando hacia fuera.

• Consagre este amuleto de defensa sosteniéndolo con la mano derecha, mientras lo da vuelta y vuelta a la luz de una vela verde, diciendo:

Para que mis enemigos
no me encuentren.
Para que mis enemigos
pierdan mis pasos.
Para que mis enemigos
me borren de sus mentes.

Repita cuando se sienta en peligro.

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