Visiones aztecas del cataclismo

De todas las profecías que se conocen una de las más extrañas es la que alude a la desaparición del gran Imperio azteca, situado en lo que hoy es Méjico. En 1519 el pueblo azteca cayó en manos de Hernán Cortés, que estaba a la cabeza de un grupo de apenas quinientos soldados. Pese a su reducido número, los españoles llegaron a Tenochtitlán (la actual Ciudad de Méjico) sin apenas oposición por parte de las tropas reales.
Recordemos que iban armados con cañones y pistolas, artefactos por entonces desconocidos para los aztecas. En la capital azteca fueron recibidos por el emperador, Moctezuma II, en persona, que los alojó en suntuosas dependencias cercanas al palacio real. Los conquistadores respondieron a esta hospitalidad capturando y encadenando a su anfitrión. Como es sabido, acabaron conquistando todo el imperio.

La serpiente emplumada

Los españoles conocieron más adelante la razón de la sorprendente pasividad de Moctezuma. La mitología azteca hablaba de un dios benévolo, Quetzalcóatl, que solía representarse como la serpiente emplumada, un cruce entre un pájaro quetzal de plumas brillantes y una serpiente de cascabel. Con el tiempo esta deidad acabó confundiéndose con un gobernante real del Imperio tolteca y precursor del reino azteca. Se trataba de un devoto del dios Quetzalcóatl al que su país acabó venerando como un héroe, porque logró sustituir los sangrientos rituales de los crueles dioses de la zona por el culto de su dios predilecto, mucho más humano. Pero su reinado terminó con una derrota, y él se vio obligado a abandonar el país por mar, navegando hacia el este. Sin embargo, la leyenda, confundiendo al hombre con el dios al que adoraba, afirmó que un día volvería, y que lo haría en forma de hombre con barba. Eso sucedería en el duodécimo año de uno de los ciclos de cincuenta y dos años en los que los mesoamericanos dividían su calendario.
De modo que cuando la corte de Moctezuma se enteró de que venían en barco unos extranjeros con barba, lo más natural fue pensar que serían emisarios de Quetzalcóatl. Además, el hecho de que 1519, el año de la llegada de los españoles, coincidiera con el año duodécimo del ciclo azteca no hacía sino corroborar esa hipótesis. Sin duda, el emperador quedó impresionado por las descripciones de las extrañas bestias, similares a los ciervos, que montaban los recién llegados (por entonces en Méjico no se conocían los caballos), y de sus armas de fuego, cuyos sonidos probablemente hicieran pensar a los aztecas que los soldados poseían el poder de producir rayos y truenos.

Presagios fatídicos

Moctezuma era inteligente y parece improbable que se dejara engañar por mucho tiempo. Pero la sospecha de que los españoles podrían haber sido enviados de alguna manera por Quetzalcóatl tardó en desvanecerse. Los testimonios que nos han llegado referentes al estado mental de Moctezuma mientras los conquistadores se aproximaban a la capital sugieren que al monarca le obsesionaban los presagios fatídicos. Esos augurios, iniciados una década antes de la llegada de los españoles, quedaron recogidos en las crónicas de la época: nueve años antes de la conquista española el lago junto al que se construyera Tenochtitlán había inundado la ciudad inesperadamente, destruyendo muchos edificios. Poco después se había declarado un incendio en uno de los torreones del gran templo de la ciudad. Posteriormente habían aparecido dos cometas, y había caído un relámpago sobre el templo de Xiuhtecuhtli, dios del fuego.
Poco después de la llegada de los conquistadores el propio Moctezuma tuvo un sueño que parecía presagiar una catástrofe. En él aparecía un gran pájaro gris con un espejo negro en la frente. El monarca reconoció ese espejo: era el cristal adivinatorio del temible dios Tezcatlipoca. Al mirar en el espejo, el rey se encontró contemplando el cielo nocturno con sus estrellas, pero éstas se desvanecieron. El espejo mostró entonces la imagen de unos guerreros extrañamente vestidos con armas nunca vistas. Alarmado, el monarca solicitó a los subditos que hubieran tenido sueños extraños que fueran a la corte y se los contaran, pero castigó a los que lo hicieron por llevarle malas noticias. Por fin llegaron los españoles. Su actitud pronto disipó cualquier duda que pudiera quedarle a Moctezuma respecto al origen divino de los forasteros. Pero ya era demasiado tarde para iniciar cualquier acción efectiva contra los invasores. El monarca quedó inmovilizado por sus propios presentimientos nefastos. En su caso, advertido fue sinónimo de desarmado.
hechizos
En este códice azteca aparece el dios Tezcatlipoca, cuyo cristal adivinatorio fue visto por Moctezuma en sueños. El cristal aparecía en la cabeza de un pájaro gris. La imagen fue un presagio de la llegada de los conquistadores españoles.

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