Utopía y aledaños

Históricamente, una de las principales formas de especulación racional ha sido lo que se ha dado en denominar ficción utópica, género que describe sociedades imaginarias alejadas del autor en tiempo o espacio. Ese nombre procede de la obra de Tomás Moro Utopía, publicada en 1516. El término constituye un juego de palabras que hace referencia a dos términos griegos; a saber, eutopos, que significa en ningún sitio y eutopos, ‘lugar bueno’. Pero Moro, en el momento de escribir la obra, conocía ejemplos anteriores pertenecientes a la época clásica; cita, por ejemplo, La República de Platón.
En general, los escritores que construían utopías (pues tras Moro surgieron muchos más) estaban interesados en el estado presente de la sociedad, y en cómo podía mejorarse. Hasta el surgimiento de la ciencia-ficción en tiempos bastante recientes los escritores no se propusieron específicamente predecir lo que el futuro podía depararles. Sin embargo, especulando sobre cómo se podían mejorar sus respectivas sociedades esos autores elaboraban manuales tácitos de desarrollo social, algunos de los cuales llegaron a ser prof éticos por contribuir parcialmente a plasmar el universo que describían.
Guando Moro escribió Utopía era un joven y brillante abogado, buen amigo del gran bumanista renacentista Erasmo de Rotterdam (recordemos que trece años después Moro llegó a ocupar el rango más elevado, el de canciller de Inglaterra). Pero sobre todo era un hombre de principios, y eso acabó enfrentándole con Enrique VII, el monarca a la sazón reinante ensupais. Guando Enrique decidió independizarse de Roma y fundar la iglesia anglicana, Moro se negó a aceptar ese cambio, por lo que fue decapitado en la Torre de Londres en 1585.
El trasfondo de Utopía era netamente conservador. Moro lamentaba la desaparición de la Inglaterra tradicional, que aparecía simbolizada por el sistema comunitario aldeano de la Edad Media, y el surgimiento de una economía de mercado que permitía «que el hombre rico lo comprara todo». Resulta asombroso comprobar que, a la luz del instinto político de Moro, su visión social trae reminiscencias de la China maoista.

¿Precursor del comunismo?

La utopía de Moro es un estado agrícola de propiedad común en el que toda iniciativa privada está prohibida y las únicas distinciones entre los individuos se basan en su rango y su mérito, pero no en su clase social. La sociedad se organiza en torno a unidades granjeras, cada una de las cuales aglutina al menos a 40 personas, aunque a diferencia de la China maoista, en Utopía esos núcleos se basan en la familia. La jornada laboral está limitada a seis horas diarias, y a primera hora del día se ofrecen clases para aquellos que deseen mejorar su educación. Se come en público mientras se escuchan lecturas edificantes. Incluso existe un intercambio regular entre los trabajadores de las ciudades y los del campo para evitar que la población urbana pierda sus raíces.
La riqueza y la ostentación se desprecian, sean de la clase que sean. En Utopía las nasas se hacen de oro y plata para deshonrar los metales preciosos, y las joyas se consideran juguetes. Cuando un embajador extranjero llega cubierto de joyas es recibido burlonamente por presentarse «como si fuera un niño pequeño». Las prendas son sencillas: han sido concebidas para llevarlas puestas, no para hacer ostentación. El juego está prohibido. También lo están los abogados: «asi habrá menos circunstancia de palabras, y la verdad saldrá antes a la luz». Se anima a las parejas de novios a que se vean desnudos antes de casarse a fin de evitar cualquier incompatibilidad sexual, pero las relaciones sexuales fuera del matrimonio se condenan tajantemente, y a los adúlteros se los castiga «con la más penosa esclavitud».
Pero en otros aspectos Utopía es contraria al maoismo. La religión ocupa un lugar fundamental en la vida, aunque allí la fe es razonable y relajada. Los sacerdotes son «de gran santidad y, portante, escasos en número». Destacan dos virtudes: la compasión y la amabilidad. La caza de animales es reprobada como «la forma más baja, vil y abyecta de carnicería». Por otra parte, se considera que matar animales (en el matadero) es un acto absolutamente corrupto y se deja en manos de un minúsculo grupo de sirvientes a los que ni siquiera se reconoce todos los derechos de ciudadanía. En Utopíala guerra es odiosa e ignominiosa-, llegada esa situación, se cree que es mejor asesinar a un gobernante enemigo que ver perecer a miles de soldados. Si en un momento dado es absolutamente inevitable entrar en guerra, los ciudadanos utópicos prefieren usar mercenarios en el combate. Ellos sólo entrarán en batalla como último recurso.
En una vena muy moderna, Moro usa diversos recursos para distanciarse de su propia narrativa. Ésta se presenta como una historia que le contó a lo largo de un viaje real que hizo a los Países Bajos en 1515 un marinero portugués que había navegado con Américo Vespucio (el explorador que dio su nombre a América). El autor también se sirve de un distanciamiento para introducir comentarios objetivos sobre su propia creación: presenta Utopía como una interesante sociedad alternativa, atractiva en algunos aspectos e inviable en otros. Su obra resultó ser un éxito inmediato. El libro fue traducido a casi todos los principales idiomas europeos (incluyendo el inglés, pues Moro escribió en latín), generando un sinfín de imitadores.
hechizos
A lo largo de los siglos muchos pintores y escritores han sido influidos por los ideales utópicos. En iSyS ó 1895 el pintor francés Paul Signac realizó el cuadro Au temps de l’armonie-L’age d’or n’est pas dans le passé, il est dans l’avenir (‘En la era de la armonía—La edad dorada no está en el pasado, sino en el futuro’).

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