Un experimento con el tiempo

En 1899 un ingeniero aeronáutico de veinticuatro años llamado John William Dunne tuvo el primero de una serie de sueños que con el tiempo cambiaría su vida. En si, el sueño era corriente y hasta trivial. Dunne se veía discutiendo con un camarero en un hotel acerca de la hora. De hecho, ambos estaban de acuerdo en que el reloj marcaba las cuatro y media, pero Dunne decía que era por la tarde y el camarero insistía en que estaban en plena madrugada. Al cabo, Dunne se despertó y miró el reloj: observó que éste se había parado a las cuatro y media, justo el momento en que Dunne se había despertado.
Muchas personas habrían olvidado el incidente, pero a Dunne le gustaba llegar al fondo de las cosas. Años después diseñaría el primer avión militar británico. Le fascinaba haber sido capaz de saber qué hora era en sueños sin tener que mirar el reloj. Parecía realmente un caso de clarividencia.

Premoniciones y titulares

En 1901 Dunne se encontraba en la Riviera italiana recuperándose de una herida recibida en la guerra de los Boer. Un día soñó que se hallaba en una pequeña ciudad de Sudán. Allí vio a tres exploradores andrajosos y muy morenos procedentes del sur. Les hizo preguntas, y ellos contestaron que habían «venido justo por el Cabo». Al día siguiente, en el periódico aparecía el siguiente titular: «La expedición del Cabo al Cairo en Jartum». El artículo describía la llegada de un equipo de tres hombres a la capital sudanesa en el transcurso de un viaje que atravesaba África de abajo arriba.
El siguiente sueño de Dunne fue particularmente dramático. El joven se veía en la ladera de una montaña. Había unas fisuras en el suelo de las que salían chorros de vapor. Intuyó que se encontraba en una isla dominada por un volcán que estaba a punto de entrar en erupción e intentó por todos los medios salvar a los habitantes de la isla; de hecho, pasó el resto del sueño tratando de convencer a las autoridades de que evacuaran a la población. Su agitación iba en aumento. Dunne recuerda que decía a todo el mundo que 4.000 personas morirían a menos que se hiciera algo para impedirlo.
Dunne no tardó en darse cuenta de que había tenido un sueño premonitorio. Días después apareció en los periódicos el siguiente titular: «Catástrofe volcánica en la Martinica. Una ciudad entera arrasada. Avalancha de llamas. El número de víctimas mortales se calcula en torno a las 40.000». La erupción del volcán del monte Pelee en la isla francesa del Caribe fue la más trágica del siglo XX en cuanto a pérdida de vidas humanas. Posteriormente, Dunne reparó en una discrepancia: él había soñado que morían 4.000 personas, y en la realidad hubo 40.000 víctimas. Se había equivocado en un cero. Pero sólo se dio cuenta años después, cuando se puso a investigar el incidente, porque al leer el artículo periodístico creyó que ponía «4.000», lo cual le hizo pensar que su premonición no se refería a la tragedia en sí, sino al instante en que él veía el correspondiente artículo en el periódico.
Los sueños proféticos se sucedieron. En uno de ellos, Dunne se veía dentro de una estructura de madera, con una manguera por ahí, rodeado de gente y lleno de humo. En esta ocasión el periódico publicó que se había producido un incendio en una fábrica de caucho de las afueras de París. El humo había sido tan denso que muchos empleados habían fallecido por inhalación de humo, incluso estando en el balcón exterior al que habían acudido para esperar el rescate. Algunos sueños le afectaban más personalmente. Una vez soñó que un caballo rabioso se ponía a galopar por el camino en el que Dunne se encontraba paseando. Otro día soñó que un conocido suyo pilotaba un avión que sufría un accidente, al que su amigo sobrevivía. Ambos sucesos se produjeron al día siguiente, si bien la realidad introdujo diferencias significativas respecto a la versión onírica. En el primer caso el caballo era más pequeño y el lugar diferente al del sueño. En el segundo el conocido de Dunne no pilotaba el avión, sino que era un pasajero del mismo, y falleció a resultas del accidente.
El último sueño que Dunne quiso relatar era una premonición de desastre clásica. Vio una colisión de trenes en un lugar al norte del Firth of Fort, en la costa oriental de Escocia. Había varios vagones en el suelo junto a un terraplén y en una llanura situada por debajo. Dunne se dio cuenta de la importancia de esa imagen antes de despertar del todo, de modo que trató de averiguar la fecha y de algún modo supo que ese accidente tendría lugar durante la primavera siguiente (el sueño se había producido en otoño de 1918). Como no podía ser menos, el catorce de abril de 1914 el tren correo expreso que cubría la línea Londres-Edimburgo, en su día uno de los correos más famosos, salió de la vía a una velocidad de unos veinte kilómetros por hora al norte de Forth Bridge y cayó en un campo de golf situado por debajo.
hechizos
La erupción del monte Pelee, en la isla de la Martinica, en mayo de 1903, aparece retratada en esta ilustración de época. Han aparecido dos premoniciones oníricas de la tragedia. la de j. W. Dunney la de Ferdinand Clere.

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