Premoniciones de muerte

La tarde del once de abril de 1865 Abraham Lincoln habia invitado a un grupo de amistades a la Gasa Blanca. Pese a que Robert E. Lee habia claudicado en Appomattox dos dias antes y a que su bando habia salido victorioso de la Guerra Civil, ya prácticamente terminada, el presidente americano parecia algo deprimido. Salió el tema de los sueños. Lincoln observó la frecuencia con la que éstos aparecían en las Escrituras diciendo: «Si damos crédito a la Biblia, hemos de aceptar que en la antigüedad Dios y sus ángeles se aparecían a los hombres mientras éstos dormían y se dirigían a ellos en sueños». Después narró un sueño propio que le había preocupado durante varios días.
En el sueño, Lincoln se veía en la Casa Blanca, vagando sin rumbo de habitación en habitación. Reinaba un silencio sepulcral, interrumpido por un rumor de sollozos sofocados. Lincoln fue a parar al Salón del Este, donde vio un cadáver yaciendo sobre un catafalco, rodeado por soldados que montaban la guardia y por personas de luto. El presidente preguntó a uno de los soldados quién había muerto, y el soldado contestó que el presidente había sido asesinado. En ese momento los que estaban en el velatorio se echaron a llorar y Lincoln se despertó.
«Esa noche no pude dormir más», explicó Lincoln a sus invitados, «y aunque sólo fue un sueño, me ha irritado mucho». Tres días más tarde Lincoln fue tiroteado por John Wilkes Booth mientras presenciaba una obra en el Teatro Ford, en Washington D.C. El presidente murió a la mañana siguiente, a las siete horas y veintidós minutos.

Intuiciones de la propia muerte

Por supuesto, existen argumentos racionales que explican ese tipo de fenómenos. Lincoln sin duda era consciente de que los partidarios del Sur lo odiaban, y tenía buenas razones para temer ser asesinado. Aun así, hay sucesos que rehuyen cualquier intento de explicación simple. Robert Morris, dueño de una plantación de tabaco en el siglo XVIII y padre del banquero conocido como el «financiero de la Revolución Americana», protagonizó una historia de ese tipo. En una ocasión trató de cancelar la inspección de un barco de guerra después de soñar que moría a resultas de un disparo de uno de sus cañones. Finalmente se dejó convencer para llevar a cabo el plan previsto, pero sólo después de que el capitán del buque le prometiera que no habría ningún disparo hasta que Morris estuviera de vuelta en tierra y a salvo. Morris visitó el barco con un grupo de personas, pero mientras era trasladado a tierra a bordo de un bote de remos el capitán alzó una mano sin darse cuenta para ahuyentar una mosca. El artillero, tomando ese gesto por una señal para iniciar la descarga, disparó el cañón. Morris fue alcanzado por la metralla del disparo y murió, tal como había intuido.
En 1523 se produjo otro conocido caso. Un miembro de la ilustre familia italiana Sforza soñó que moriría ahogado. Al día siguiente, paseando por las inmediaciones del castillo de Pescara, vio cómo una niña se caía al río y se tiró al agua para tratar de rescatarla, pero el peso de su armadura lo empujó al lodo del fondo y, efectivamente, murió ahogado.

La mensajera de la muerte

En el siglo XVIII se produjo en Londres otro conocido caso de muerte anticipada en un sueño. El 24 de noviembre de 1779 Thomas Lord Lyttelton, un joven noble de treinta y cinco años de edad, vio turbado su sueño poco después de la medianoche por un sonido que posteriormente describiría como el aleteo de un pájaro situado en algún lugar de su cama, que tenía cuatro postes y estaba rodeada por una cortina. A continuación vio auna mujer vestida de blanco, quien le señaló acusadoramente con el dedo mientras anunciaba que moriría al cabo de tres días.
El suceso pronto se difundió por los cafés de la ciudad, convirtiéndose en uno de los más manidos temas de conversación. Lyttelton se retiró a su mansión en el campo, cerca de Epsom, en Surrey, con la intención de pasar en ella esos tres días. El veintisiete de noviembre, según iba pasando el tiempo, el joven empezó a animarse: se sentía pletórico. Esa noche Lyttelton se retiró a su dormitorio a las once, convencido de que no tenía nada que temer. Su criado le ayudó a desvestirse y después abandonó brevemente la habitación para hacer un recado. Cuando volvió, pocos minutos más tarde, a su amo le había dado un síncope que resultó fatal: antes de la medianoche Lord Lyttelton estaba muerto. La premonición había sido acertada.
Pero los presagios que informan sobre la propia muerte no siempre aparecen en forma de sueños. Entre las celebridades que tuvieron una premonición de su fallecimiento se encuentra MarkTwain. En cierta ocasión, el conocido escritor americano le dijo a un amigo que como había nacido en un año en que el cometa Halley se acercó a la tierra, esperaba que su muerte coincidiera con la siguiente visita del cuerpo celeste. De hecho, Twain murió a los setenta y cinco años, el día siguiente al regreso del cometa a la tierra, el veinte de abril de 1910.
profecias
El presidente americano Abraham Lincoln se sintió profundamente turbado por un sueño en el que vio su propia muerte. Este cuadro, de una colección privada, muestra el momento en que Lincoln pregunta a un soldado y se entera de que el fallecido que yace en la capilla ardiente es él mismo.

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