Magos y mujeres sabias

Tras el éxito de las profecías que Geoffrey de Monmouth puso en boca de Merlín, se puso de moda un género narrativo que se inició en la Edad Media y siguió dando sus frutos hasta el siglo XVII. En Gran Bretaña, país donde las profecías se contaban por cientos, los relatos de este tipo conquistaron una especial popularidad. Algunas de ellas incluso adquirieron una especie de vida propia. Circulaban de boca en boca, y a lo largo del tiempo se las asociaba con distintas fuentes. Hacia el siglo XVIII los editores emprendedores ya publicaban sus propias colecciones, como Sundiy Strange Prophecies of Merlín [the Venerable] Bede, [Thomas ] Becket, and Others, que vio la luz en 1652;. Por lo general, los augurios eran formulados en términos alegóricos a la manera de Geoffrey de Monmouth, con frecuentes incursiones de leones blancos, dragones, águilas y lobos, cuya interpretación se dejaba en manos de cada lector.
A lo largo de los años fueron alabados por sus predicciones docenas de individuos que en la actualidad resultan desconocidos, como Truswell, Otwen Binnsy Oíd Harlock. De todos esos autores, hoy día destacan sólo unos pocos. Tal es el caso de Thomas de Ercildoune (hoy Earlston, cerca de Melrose, en la frontera con Escocia), más conocido como Thomas el Rimador. Thomas, que existió realmente, escribió una novela artúrica en verso titulada Sir Tristán. Sus profecías conciernen mayormente a la historia de Escocia. La que en mayor medida ha contribuido a difundir su fama anunciaba la muerte del rey Alejandro III en 1386. Conociendo la fama de visionario que tenía Thomas, un noble llamado Lord March le pidió que dijera lo que sucedería al día siguiente. Thomas respondió que «antes del mediodía caería sobre Escocia la mayor tormenta de muchos años» .Ala mañana siguiente, el cielo apareció claro y despejado. Lord March estaba tomando el pelo al profeta por su error cuando llegó un mensajero que anunció que el rey, un longevo monarca cuyo reino había sido una especie de edad de oro, acababa de morir en un accidente ecuestre, al despeñarse su caballo. «Ésta es la tormenta que anuncié, y eso resultará ser para Escocia», exclamó Thomas.
Con el paso del tiempo se tejió en torno a Thomas una leyenda que atribuía su clarividencia a un don sobrenatural.
Una balada muy conocida en la frontera entre Inglaterra y Escocia cuenta cómo un buen día, recorriendo Eildon Hills, el profeta conoció a la reina del País de las Hadas. Ésta le pidió que subiera a su caballo y le llevó a su reino subterráneo, donde Thomas permaneció durante siete años sin poder hablar, porque se lo habían prohibido. Por fin le permitieron volver a su casa, pero no lo hizo con las manos vacías, pues había recibido el don de decir siempre la verdad, ya fuera sobre el pasado, el presente o el futuro, lo cual no tardó en granjearle fama de profeta. Pero en realidad la reina del País de las Hadas lo tenía bajo libertad condicional, y en una ocasión mandó un venado a las calles de Earlston como señal de que Thomas tenía que volver a sus dominios. El profeta abandonó la localidad instantáneamente, y ningún mortal volvió a verlo jamás.

El «doctor maravilloso»

Roger Bacon fue coetáneo de Thomas de Ercildoune. Ambos nacieron hacia 1220, ambos murieron hacia 1390. Pero en otros aspectos no podían ser más diferentes. Bacon era un brillante intelectual educado en Oxford y en París que se dedicó a investigar diversas disciplinas. No sólo estudió matemáticas, astronomía y óptica, sino también alquimia y astrología, las cuales en su tiempo aún eran consideradas áreas de conocimiento legítimas.
Tras dar clase en París durante varios años, Bacon volvió a Oxford en 1247 con intención de dedicarse plenamente a la investigación científica. Las profecías de Joaquín de Fiore captaron de lleno su atención y decidió ingresar en la orden franciscana, que había sido fundada pocos años antes gracias a la influencia de Joaquín. Resultó ser una decisión muy desafortunada. Bacon no se sentía cómodo con la disciplina de la orden, la cual por su parte contemplaba sus especulaciones intelectuales con un creciente recelo. Finalmente la insistente reticencia de los monjes ante las sospechosas novedades introducidas en sus clases desembocaron en el encarcelamiento de Bacon, quien murió insatisfecho y amargado.
A diferencia de las visiones de Thomas, las profecías de Bacon constituían predicciones más racionales, aunque no dejaban de ser tremendamente clarividentes. Este científico estudiábalas lentes y la pólvora, y fue capaz de predecir los futuros usos de ambas en telescopios y microscopios y cañones, respectivamente. También especuló sobre la posibilidad de que los hombres volaran, proponiendo un balón de aire caliente elaborado con una fina lámina de cobre y propulsado por «fuego liquido». Incluso llegó a concebir una máquina voladora en la que un hombre «sentado cómodamente y meditando sobre cualquier cuestión pueda batir el aire con alas artificiales». Visualizó unas máquinas que escalaban muros (prototipos de ascensores) y que permitirían a los hombres «caminar sobre el fondo del mar». Estas novedosas ideas, junto con sus estudios alquimicos y astrológicos, le procuraron una duradera reputación de poseedor de artes mágicas. Hacia 1590, cuando Robert Greene escribió la conocida comedia isabelina Friar Bacon and Friar Bungay (‘Fray Bacon y Fray Bungay’), Bacon era considerado un mago de carne y hueso, y se le había atribuido la invención de una cabeza de bronce que hablaba. Incongruente fue el destino de ese intelectual, especialmente si consideramos que en su momento recibía el mote de doctor mirabilis, ‘doctor maravilloso’.
profecias
Este cuadro al óleo del artista escocés del siglo XIX Sir Joseph Noel Paton es un retrato de la reina de las hadas, personaje que, según dice la leyenda, se llevó a Thomas de Ercildoune a su reino y le concedió sus famosos poderes proféticos.

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