Los profetas del Antiguo Testamento

A lo largo de los siglos, la Biblia ha ejercido una influencia fundamental en la visión occidental de la profecía y de los profetas. Precisamente del Antiguo Testamento procede la figura del illuminatus, un ser humano inspirado por Yahvé que augura toda clase de tribulaciones a los pecadores y preconiza consecuencias desastrosas para aquellos que no siguen sus indicaciones. Pero en la Antigüe dad el estatus de los profetas en Israel y Judea era mucho más complejo de lo que esto pudiera sugerir.

Nabis y reyes

Los primeros profetas mencionados en el Antiguo Testamento recuerdan en muchos aspectos a la tradición chamánica. Los profetas eran conocidos como nabis, término que alude a una persona convocación. Eran éstos un grupo de individuos inspirados que existían paralelamente y al margen de los sacerdotes judíos. Los nabis llevaban prendas hechas de piel, tocaban instrumentos musicales e invocaban al espíritu divino. Guando éste se les manifestaba hacían profecías y experimentaban sus propias visiones; a veces, en pleno éxtasis, llegaban a desnudarse totalmente.

Se puede encontrar una vivida descripción de ellos en el Libro de los Reyes I (10:5-6), cuando el profeta Samuel dice a Saúl: «Guando llegues a la ciudad te toparás con una compañía de profetas que bajan del lugar excelso precedidos de salterio, tambor y flauta y cítara, y ellos, profetizando. Y te arrebatará el Espíritu del Señor, y profetizarás con ellos, y quedarás mudado en otro hombre». Así lo hizo Saúl, ante el inmenso asombro de los presentes, que se preguntaban: «¿También Saúl se encuentra entre los profetas?».

Obviamente, resultaba extraño que el futuro rey de Israel frecuentase semejantes compañías. Pero lo más interesante es que ese encuentro podría haberse producido. La escena muestra que los profetas mantenían su reputación de hombres de Dios, y no siempre estaban reñidos con la autoridad. De hecho, su relación con el poder secular podía llegar a ser demasiado estrecha, tal como sugiere un relato que se encuentra en el Libro de Jos Reyes m (22), según el cual el rey Acab consultó al menos a 400 profetas antes de emprender una aventura militar. Todos le garantizáronla victoria. Pero cuando el monarca acudió a una voz independiente se produjo una discrepancia, pues Miqueas, profeta conocido por su terquedad, insistió en que Dios les había dado lenguas engañosas a todos para engañar a Acab. Los hechos demostraron que estaba en lo cierto.

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