Los misterios de Pachacamac

Un rasgo intrigante de la historia de la profecía es la repetición de elementos comunes a lo largo de culturas y tradiciones muy diferentes entre sí. El oráculo de Pachacamac, situado en lo que hoy dia es Perú, fue en su día el centro profetice más famoso de toda América, compartiendo muchos aspectos con el templo de Delfos, a pesar de que ambos lugares no podían estar más alejados geográficamente.
Para empezar, uno y otro eran recintos sagrados cuya reputación se había extendido por una amplia región. Igual que la gente se desplazaba de toda Grecia para visitar Delfos, Pachacamac, que se encontraba relativamente cerca de la actual Lima, atrajo en su mejor momento a consultantes de todo Perú y del sur de Ecuador. Ambos templos tuvieron una duración excepcionalmente prolongada. Delfos se mantuvo en funcionamiento al menos desde el siglo VIII a.C. hasta el siglo IV d.C. Pachacamac, que por su parte ya había iniciado su actividad en torno al año 500 d.C., recibió consultas hasta 1580, aproximadamente.
También hay que reseñar paralelismos en lo tocante al ritual del oráculo. En ambos templos los consultantes tenían que purificarse antes de penetrar en el recinto. En todo caso, el procedimiento era más estricto en Perú que en Grecia. Para visitar la plaza inferior del templo los consultantes tenían que ayunar durante veinte días. Por otro lado, si deseaban ser admitidos en el nivel más alto debían prescindir de la mayor parte de los alimentos durante todo un año. Pero había más costumbres comunes. En Pachacamac, al igual que en Delfos, los consultantes debían abonar una cifra sustancial, si bien en Perú el pago era recaudado en especie, recogiéndose productos como algodón, textiles, maíz, pescado seco o, para las gentes adineradas, oro. Por consiguiente, ambos templos acabaron siendo legendariamente ricos. Los dos solicitaban sacrificios rituales, pero mientras en Delfos se empleaban cabras, en Pachacamac se usaban llamas y conejillos de Indias.
Sin embargo, entre ambos santuarios también existían importantes diferencias. Aunque Apolo presidia Delfos, el dios contaba con templos por toda Grecia. En cambio, Pachacamac era el santuario central de un solo dios, una divinidad creadora que daba nombre al recinto y que durante la época precolombina llegó a ser uno de los dioses más venerados de América.
En cuanto a su disposición geográfica, esos templos eran bastante diferentes. Delfos pertenecía a la tierra: su inspiración procedía de una fisura en el suelo. Pachacamac, siguiendo la tradición americana, se alzaba hacia el cielo. El lugar, situado en la desembocadura del río Lurín, se caracterizaba por un montículo artificial rematado por una pirámide escalonada con una altura de 150 metros por encima de la planicie costera. El templo del oráculo se encontraba en su cima, concretamente en un pequeño santuario que albergaba en su interior una estatuilla de madera del dios, oculta por una cortina que la resguardaba de las miradas de todo ser humano a excepción de los sacerdotes.
Pero la diferencia fundamental era que en Pachacamac no existia ninguna figura similar a la de la pitia, o profetisa deifica. En cambio, las respuestas del dios llegaban a los consultantes a través de los sacerdotes del templo. No se sabe cómo eran transmitidas las respuestas, pero parece ser que la comunicación con los dioses era de carácter privado y que no había testigos. En Pachacamac faltaba ese sentido dramático característico de los desvarios de la pitia. Su gran éxito se debía al duradero prestigio de la clase sacerdotal.

El oráculo destruido

El destino final de ambos oráculos fue también diferente. Delfos desapareció gradualmente, mientras que el final de Pachacamac fue repentino. El templo fue invadido en 1588 por los conquistadores españoles bajo las órdenes del hermano de Francisco Pizarro, Hernando. Esa expedición estaba buscando oro para pagarse a sí misma el rescate del inca Atahualpa, a quien habían capturado poco antes. Los soldados, tras apartar a los sacerdotes que intentaron detenerlos, irrumpieron en el santuario, pero lo encontraron prácticamente vacío: los guardianes del templo, al ser avisados de la llegada de intrusos, se habían llevado los objetos valiosos. Los españoles criticaron el templo afirmando que era obra del diablo. Aprisionaron y torturaron a algunos sacerdotes, y a los demás los sacaron del templo, que fue definitivamente profanado. La voz de Pachacamac jamás volvió a oírse.

El lamento de Atahualpa

Atahualpa, monarca de los Incas, fue capturado por los conquistadores españoles en 1582; y durante su cautiverio recibió la visita del sacerdote supremo del templo de Pachacamac. Los españoles se sorprendieron al observar el desprecio con que el rey trataba al sacerdote. Cuando le preguntaron a Atahualpa por qué estaba tan irritado, éste respondió que en los últimos tiempos le había hecho tres predicciones erróneas. Primero, había dicho que el padre de Atahualpa se recuperaría de su enfermedad si le sacaban al sol, pero murió. A Huáscar, el rival de Atahualpa en la guerra civil que dividía el pais cuando llegaron los españoles, le habia dicho que ganaría. Pero la predicción más desastrosa fue la que aconsejó al propio Atahualpa que atacara a los hombres de Pizarro, ya que estaba destinado a matarlos a todos. Todo ello habia sumido al emperador en una amargura tal que llegó a pedir a los españoles que encadenasen al sacerdote para ver si Pachacamac podía Liberarlo.

profecias

El culto a Pachacamac estaba tan profundamente arraigado que los incas no se atrevieron a desplazarlo cuando la zona fue conquistada. En cambio, lo incorporaron a su religión, construyendo sus propios santuarios en torno al templo del dios, que son las ruinas preincaicas que aparecen en la imagen.

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