Los druidas

En la Europa occidental precristiana los druidas fueron la clase sacerdotal del pueblo celta. Sobre ellos se sabe más bien poco porque no pusieron por escrito sus conocimientos. Aunque la mitología y la poesía celta que han llegado hasta nuestros días aportan ciertas pistas, casi toda la información de que disponemos procede de observadores extranjeros, a menudo hostiles. La principal fuente procede de los historiadores romanos, especialmente de Julio César, quien a mediados del siglo I a.C. se interesó mucho por los druidas. Afirma este autor que recibían una consideración especial entre los celtas, similar a la de los jefes militares. Además de ocuparse de los sacrificios y de otros servicios religiosos, eran los maestros y los jueces de su sociedad, y guardaban en sus memorias un amplio núcleo de conocimientos en forma oral para cuya adquisición podía llegar a emplear 30 años o más. Además, quedaban liberados de todo deber militar, y no pagaban impuestos.
Se sabe a ciencia cierta que los druidas practicaban la adivinación y la profecía. Cicerón, autor y estadista coetáneo de Julio César, transcribe una conversación suya con un druida en la que éste declaró que podía ver el futuro «a veces por augurios y a veces por conjetura». En otros relatos aparecen gobernantes romanos haciendo consultas a mujeres druidas. Una de ellas dijo a Diocleciano lo siguiente: «Cuando hayas matado al jabalí serás emperador», predicción que se cumpliría tras la muerte de su enemigo Aper (‘el Jabalí’).
No se sabe bien de qué medio se valían los druidas para practicar la adivinación. Parte de las predicciones procedería de una observación minuciosa de la naturaleza. Se afirma que los druidas avezados veían el futuro en las formas de las nubes o en el vuelo de los pájaros. Hay una referencia a cierto método para predecir el resultado de una batalla consistente en encerrar unas liebres y después soltarlas para que los druidas observaran sus carreras. También parece haberse practicado la escapulomancia con los huesos de los animales sacrificados, y nos han llegado narraciones donde unos adivinos rompen huesos de perros, gatos y cerdos para probar el tuétano.
Los celtas practicaban un oráculo onírico con sacrificios rituales de animales. Según el historiador griego Diodoro Siculo (siglo I a.C.), mascaban una porción de carne para después colocarla sobre una losa de la puerta de su casa, en calidad de ofrenda a los dioses. A continuación el druida caía en un profundo sueño, durante el cual se le aparecía un animal totémico dispuesto a contestar preguntas sobre el futuro. Existen relatos similares de una ceremonia conocida como «sueño del toro» en la cpie el adivino dormitaba tumbado sobre una piel curtida de toro tratando de tener sueños profetices. Según otras fuentes, se llevaba a ciertos individuos a lugares oscuros, y allí se les mantenía en un estado de privación sensorial durante horas o días. Después esas personas eran conducidas de nuevo a la luz del día, momento en el que se esperaba que hicieran afirmaciones proféticas.
Había un extraño método adivinatorio conocido como «meditación de las puntas de los dedos» consistente en tamborilear y canturrear hasta que las puntas de los dedos adquirían el poder necesario para acceder a un conocimiento del pasado o del futuro de la persona u objeto que tocaran con los dedos a continuación.
profecias
Los primeros investigadores creían que Stonehenge (arriba), en el sur de Inglaterra, era un templo druídico,y de hecho hoy en día algunos siguen convencidos. Pero la mayor parte de los eruditos contemporáneos señalan que los druidas probablemente celebraran muchos de sus rituales en bosques sagrados.

Volver a Profecías