Los dioses de Mesopotamia

La historia de los sueños premonitorios se inicia en Mesopotamia, el país situado entre el Tigris y el Eufrates que hoy constituye Iraq. Concretamente, la escritura emergió en Sumeria, cuna de la civilización más antigua de ese pais. Al igual que en Egipto, los habitantes de las provincias mesopotámicas eran politeístas, y el número de dioses a los que se rendía culto oscilaba entre los tres mil y los cuatro mil. Algunas de las divinidades más importantes representaban fuerzas elementales, como Enlil, dios del viento y las tormentas, o Enki, el dios de las aguas. Otras aparecían asociadas con lugares, como por ejemplo Marduk, señor de Babilonia. A medida que Babilonia fue conquistando otras ciudades-estado del país, Marduk se convirtió en el dios principal de Mesopotamia.

Contacto con los dioses

Existían varios canales a través de los cuales los mesopotámicos podían comunicarse con sus dioses. Las ciudades-estado construyeron moradas para los dioses en forma de zigurat, una especie de montañas artificiales. En la parte más alta de esos edificios se situábanlos templos, donde a su vez se guardaban las estatuas de los dioses. Estas, recubiertas de ropajes, eran agasajadas continuamente y alimentadas a diario con deliciosas viandas que los fieles dejaban en calidad de ofrenda. Sólo los sacerdotes podían acceder a esas imágenes. Por su parte, las personas normales trataban de conquistar el favor de los dioses mediante ofrendas votivas con la esperanza de ser recompensados con salud, prosperidad y longevidad.
Pero para descubrir la voluntad de esas variopintas divinidades también había caminos más directos. En Mesopotamia se prestaba gran atención a los augurios. De hecho, fue allí donde se utilizaron por primera vez ciertos métodos adivinatorios, como la inspección de los hígados de animales para predecir bultos y marcas. Los orígenes de la adivinación se vincularon a la realeza-, concretamente, al legendario monarca sumerio Ednmeduranki, que supuestamente vivió antes de las grandes inundaciones de la mitología sumeria. Los adivinos se ocupaban detenidamente de todos los monarcas de Mesopotamia, e incluso se dieron casos de reyes que abdicaron temporalmente porque los signos les eran adversos, entregando el trono a un sustituto que sería asesinado al término del periodo designado, llevándose consigo a la tumba la ira de los dioses.
En ese mundo dirigido por los dioses se consideraba que la capacidad de interpretar los sueños era una tarea difícil que requería gran experiencia. Los que la poseían disfrutaban de posiciones privilegiadas. Se escribieron muchos libros sobre sueños, y se fundó un rango sacerdotal que los interpretaba.
En la literatura mesopotámica las premoniciones inducidas por el sueño tuvieron gran importancia. Algunas de las imágenes más poderosas de sus mitos se desarrollan en una atmósfera casi onírica, como el vuelo de Etana, el pastor-rey deificado, a lomos de un águila en busca de la hierba del rejuvenecimiento. Más directamente, una versión del mito del dios Dumuzi, condenado, como Perséfone en la mitología griega, a pasar seis meses del año en el mundo subterráneo, cuenta cómo éste sueña su propio destino, perseguido por los demonios de la muerte conocidos como gallas. Dado que ha tenido esa premonición, emplea todo su ingenio en escapar, pero no puede. La moral de esta historia es que la muerte visita a todos, con independencia de lo que se haga para impedirlo.

La epopeya de Gilgamesh

En la epopeya de Gilgamesh, el gran clásico de Mesopotamia, muchas acciones importantes aparecen anticipadas en los sueños de los personajes. Así, Gilgamesh, rey de la ciudad-estado de Uruk, tiene dos presagios simbólicos de su encuentro con el salvaje Eabani, que en principio era su rival, pero acabó convirtiéndose en un buen amigo. La primera señal aparece cuando Gilgamesh ve un rayo cayendo sobre la Tierra y después un hacha de cobre, símbolos que, según la interpretación de su madre, la diosa Ninsun, representan a un hombre de gran fortaleza al que acabará tomando afecto.
Posteriormente, otro sueño le advierte del peligro que representa Khumbaba, el monstruo del bosque, mientras que Eabani intuye que va a contraer una enfermedad mortal, y se lo comunica a su compañero con estas palabras: «Oh, hermano, me llevan lejos de ti». La visión de Eabani es una de las primeras premoniciones de muerte conservadas, con una nota de fatalismo que se repite en la cultura mesopotámica.
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Este relieve en un sello cilindrico deAcadia data del año 3.800 a.C. aproximadamente. En él aparece Gilgamesh, héroe de la epopeya que lleva su nombre, junto con su compañero Eabani, matando al Toro del Cielo y a otros monstruos.

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