Leonardo, el visionario renacentista

Nacido en 1453 en la localidad italiana de Vinci, de donde tomaría su apellido, Leonardo se ha convertido en el prototipo de hombre renacentista. En nuestros días se le venera por haber dado al mundo la celebérrima Mona Lisa, entre otras obras maestras. Pero Leonardo era sobre todo un hombre de insaciable curiosidad, guiado por un deseo compulsivo de comprender todos los secretos de la naturaleza y el funcionamiento de las máquinas. Alo largo de una asombrosa carrera de 50 años Leonardo se interesó no sólo por el arte y la estética, sino también por las matemáticas, la astronomía, la botánica y la anatomía humana y animal, materia esta última en la que realizó estudios pioneros.
A primera vista podría parecer que el sentido práctico característico del genio de Leonardo resultaría incompatible con el espíritu profético. No obstante, su curiosidad era tan poderosa que le hizo trascender los límites normales de la invención, llevándolo a un territorio que se asocia más con visionarios y profetas que con científicos o ingenieros. Su don profetice se manifestaba en lo que él denominaba «pre-imaginación»; una visualización de cómo podían ser las cosas en un futuro lejano. De hecho, la asombrosa exactitud de algunas de sus predicciones podría deberse a su total dominio de los principios básicos de la ciencia y a su intuitiva capacidad para aplicarlos de una manera que el resto del mundo tardaría siglos en comprender.
Nos han llegado más de 5.000 páginas de los cuadernos de Leonardo, las cuales dan fe de su talento profetice. El pintor utilizaba esos cuadernos para pergeñar invento tras invento en una confusa maraña de palabras e imágenes. Concibió, entre otras cosas, una excavadora mecánica, una máquina para pulir espejos, un molino giratorio o un instrumento para medir la velocidad del viento. Leonardo los anotaba todos en beneficio personal utilizando una curiosa grafía de espejo que escribía con la mano izquierda y al revés.

Predicción del vuelo humano

Los principios del vuelo fueron uno de los aspectos que más preocuparon a Leonardo. En sus cuadernos no sólo copió meticulosamente la estructura de las alas de muchos pájaros y murciélagos, sino que además incluyó instrucciones detalladas para realizar modelos artificiales con madera, tafetán y fustán. En la esquina de una página esbozó casualmente un prototipo de paracaidas, escribiendo junto a él las siguientes palabras: «Si un hombre tuviera una tienda hecha de lino con los orificios tapados… podrá arrojarse desde grandes alturas sin resultar herido». Esa visión se realizaría más de 500 años después, cuando un saltador británico finalmente demostró que el paracaidas diseñado por Leonardo funcionaba correctamente.
Leonardo también dibujó máquinas voladoras imaginarias y mecanismos similares a helicópteros. Por otra parte, ciertos indicios apuntan a que su interés por la cuestión trascendía los limites de una simple curiosidad intelectual; parece que llegó a abrigar una seria intención de dominar el arte del vuelo. También en esta ocasión la clave está en los cuadernos, en forma de mensajes crípticos como: «El gran pájaro iniciará su primer vuelo desde las espaldas del gran cisne, dejando pasmado a todo el mundo, abrumando con su renombre todos los escritos y llevando gloria eterna al lugar donde nació», o «De la montaña que lleva el nombre del gran pájaro, el famoso pájaro emprenderá un vuelo que llenará el mundo con su gran renombre». Ambas afirmaciones cobran sentido si se sabe que cerca de Florencia había una gran colina llamada monte Geceri (‘monte Cisne’). Pero si Leonardo quería decir que él seria el primer hombre-pájaro, la predicción no se cumplió, pues al poco tiempo el inquieto genio abandonó sus estudios aeronáuticos para adentrarse en otros campos del saber.

Predicciones apocalípticas

Hacia el final de su vida, Leonardo, frustrado por no haber alcanzado todas las metas que se creía capaz de conseguir, y cada vez más desilusionado por la naturaleza destructora de la humanidad, reveló una veta más tradicionalmente visionaria. Como si de un profeta del Antiguo Testamento se tratase, dio en imaginar desastres apocalípticos que un día podrían llegar a destruir toda la creación. En sus cuadernos describió esa escena en forma de un catastrófico diluvio con reminiscencias del que aparece en la Biblia. El gran artista describió detalladamente los aspectos más nimios del cataclismo, como por ejemplo el derrumbamiento de laderas que haría ascender aún más el nivel de las aguas y los restos de «mesas, camas, barcos y otras embarcaciones improvisadas», cada cual con su carga de personas y animales aterrorizados, notando sobre los campos sumergidos. En esa visión se pueden apreciar las cualidades que caracterizan toda su obra: cada parte es precisa, y además hay una grandeza épica en dimensión y escala.
hechizos
He aquí el diseño de Leonardo de la máquina voladora ornitóptero. Supuestamente, las alas eran movidas por un hombre con sus brazos y piernas a través de un sistema formado por un aparejo de líneas y articulaciones. Aunque el artilugio resultaba demasiado pesado para volar, el arco de las alas indica que Leonardo era plenamente consciente de los principios de la aerodinámica.

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