Las voces de Juana de Arco

Pocas historias resultan más sorprendentes que la de Juana de Arco, la doncella de Orleans. En 1429, cuando Francia, sumida en la Guerra de los Cien Años, vivía los peores momentos de su lucha contra Inglaterra, una campesina inculta que veía ángeles logró acceder al rey de Francia, y en pocos días le convenció de que ella podía levantar la moral de su debilitado ejército.

La joven fue enviada a Orleans, que por entonces estaba sitiada por los ingleses. En sólo nueve días consiguió liberar la ciudad y expulsar al ejército atacante. Después cumplió su promesa de conducir al rey a través de una zona ocupada por los enemigos hasta Reims, la ciudad francesa donde tradicionalmente se coronaba a los reyes franceses, para proceder al nombramiento del nuevo monarca, ceremonia que debido a la ocupación inglesa se había retrasado durante seis años. Poco después Juana cayó en manos de los enemigos y fue acusada de herejía y brujería. Condenada por los obispos franceses en colusión con los ingleses, fue quemada en la hoguera en 1481. Aún no había cumplido veinte años. Los cargos en su contra fueron revocados postumamente, y casi quinientos años después, en 1930, la Iglesia la santificó.

El don profético de Juana se manifestaba a través de unas voces que la muchacha empezó a oír a los trece años. Sus interlocutores eran san Miguel, santa Catalina y santa Margarita, patrones de la región del este francés de donde procedía Juana. Las voces le pedían que se presentara ante el rey para ofrecerle sus servicios, tarea nada fácil en la Francia de su época, que estaba absolutamente destrozada por la guerra. El hecho de que la joven consiguiera persuadir al comandante militar local de que la enviara ante Carlos VII disfrazada de hombre, provista de un escolta y una recomendación, ya fue casi un milagro.

Varios episodios de su vida sugieren que la muchacha poseía el don de la clarividencia. Así, cuando Juana fue introducida por primera vez ante la presencia real, el rey se ocultó deliberadamente entre sus cortesanos para comprobarlos poderes de la joven, pero ella se dirigió a él sin dudar un instante. También se afirma que recibió su espada de batalla de resultas de una visión: sus voces le dijeron que se pusiera en contacto con los clérigos del pueblo de Fierbois y les pidiera que buscaran bajo el altar. Los religiosos siguieron sus instrucciones y hallaron en ese lugar un antiguo cofre que contenía una espada oxidada. Tras limpiar el arma, Juana la utilizó para acaudillar a sus tropas en el combate. También se decía que en una ocasión Juana había anunciado una derrota francesa a 3oo km del lugar en el que se produjo, y dos días antes de que la noticia se difundiera.

Durante el juicio plantearon a Juana algo que muchas personas se preguntaban: si tenía el don de la profecía, ¿por qué no había podido adivinar su captura y, así, evitarla? La muchacha respondió que, efectivamente, sus voces le habían advertido de que sería capturada antes del día de San Juan (y lo fue a mediados de mayo), pero que no habían querido decirle el día exacto. En todo momento siguió profetizando la victoíria final para Francia, e insistiendo en que los ingleses perderían finalmente todas sus posesiones en el continente. El tiempo confirmó sus profecías, aunque podría objetarse que el resultado previsto por ella en realidad fue consecuencia de sus propios desvelos y del aliento moral que supo insuflar en el espíritu de sus compatriotas.

La doncella de Kent

Elizabeth Barton, la doncella de Kent, fue una profetisa inglesa cuya historia presenta un paralelismo notable con la de Juana de Arco. Elizabeth era una criada que oía voces y veia visiones. En 1525 empezó a hacer profecías después de una enfermedad. Tenia sólo diecinueve años. Su don llegó a oidos del arzobispo de Ganterbury, quien envió a dos monjes para que la examinaran. Uno de ellos, Edward Bocking, llegó a la conclusión de que la muchacha estaba en contacto con la Virgen María, y la encerró en un convento de Ganterbury. Pero corrían malos tiempos: en el continente estaba gestándose la Reforma protestante y en Inglaterra el rey Enrique VIII estaba sometiendo a discusión el divorcio que le conduciría a una ruptura definitiva con Roma.

La doncella era totalmente fiel a la Iglesia Católica, y sus profecías fueron adoptando un marcado cariz político; incluso llegó a augurar que si el divorcio seguía adelante, Enrique moriría. El monarca oyó hablar de las profecías de la joven y ordenó su arresto. Las autoridades eclesiásticas investigaron el caso, y la doncella accedió a retractarse de sus palabras, pero aun así el rey exigió su muerte. La joven murió en la horca en Tyburn, junto con Bocking y otros cuatro seguidores, en 1534.

hechizos
Este cuadro, pintado por Gillot Saint-Evre hacia 1833, muestra a Juana de Arco ante el rey Carlos VII, al que rogó le permitiera liderar las tropas francesas contra las inglesas. Juana recibió autorización después de un intenso debate eclesiástico.

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