Las raíces de la profecía

Las raíces de la profecía se encuentran vinculadas al chamanismo, la primera religión del mundo y la más duradera. Podría definirse como una creencia animista que concibe el mundo como un lugar poblado por espiritus. Los orígenes del chamanismo se remontan al pasado remoto del hombre como cazador y recolector, unos cuantos milenios antes de la aparición de la escritura. El término chamán, en su acepción de sacerdote del chamanismo, procede de Siberia, lugar en el que el fenómeno se encontraba muy extendido hasta tiempos recientes; sin embargo, se han hallado chamanes y ritos chámameos en diversas formas por los cinco continentes. Hoy dia, el chamanismo sigue practicándose en muchas zonas del mundo.

Aunque la profecía formaba parte del arte del chamán, la predicción de acontecimientos futuros era sólo una pequeña parte de sus funciones. Todos los chamanes aseguraban tener acceso aun tipo de información que estaba vedada a la mayor parte de los mortales. La razón era que podían emprender viajes con la mente en los que su alma se desprendía del cuerpo y en los que mantenían contacto con diversos espíritus, visitando lugares como reinos divinos o partes remotas del orbe terráqueo. A su retorno, estaban en posesión de ciertos conocimientos que podían emplear para mejorar su aldea o su tribu.

El vehículo usado por el chamán en sus viajes era el estado de trance, con métodos variopintos para acceder a él. La música y el baile eran empleados con frecuencia, así como ciertas sustancias alucinógenas. En Méjico, las mujeres sanadoras tomaban hongos del género psilociba; la tribu Yanomami de la selva amazónica se valía de diversos polvos, incluyendo uno hecho con la corteza de la virola (o miguelario) seca.

La reina profetisa de Japón

Remotas leyendas de Japón, entre la historia y el mito, hablan de una reina llamada Himiko o Pimiko. Fue la primera reina japonesa de que se tiene noticia y la legendaria fundadora del gran santuario shinto de Ise. Se afirma que Himiko estaba unida por un vinculo especial con la diosa del sol, Amaterastu. Los caracteres escritos que representan el nombre de la reina significan ‘hija del sol’, y diversos relatos cuentan que la soberana había recibido el encargo de custodiar el espejo sagrado de Amaterasu.

Himiko nunca se casó. Vivía en un palacio con muchos guardias, donde se hallaba en estado de íntima comunión con sus divinos ancestros y transmitía los mensajes de los dioses por un intermediario varón. Unos registros chinos corroboran la existencia de una reina con ese nombre en el siglo I a.G., y añaden que a su muerte fue colocada en un inmenso túmulo funerario, y que más de 100 sirvientes la siguieron a la tumba.

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