La mujer vestida con el sol

En Gran Bretaña, 1793 fue un año difícil. Al otro lado del canal de la Mancha la Revolución francesa no había logrado hacer realidad la tan esperada Edad de la Razón al contrario, estaba degenerando en el reinado del terror. Las normas que hasta entonces habían sido unánimemente aceptadas se estaban viendo amenazadas, y había una creciente sensación de que una guerra con Francia sería inevitable.
Durante ese año, en la ciudad británica de Exeter una criada llamada Joanna Southcott empezó a tener visiones. Era hija de un granjero en mala situación económica, estaba soltera, apenas había recibido educación y hasta ese momento había llevado una vida muy normal. Pero a los 43 años empezó a tener sueños premonitorios. «Una noche soñé que veía a unos hombres en el aire luchando con sus caballos, que estaban en la tierra», escribió. «Los caballos luchaban furiosos, y los hombres luchaban furiosos, y me asusté tanto que me desperté y pensé que los franceses iban a venir a este país».
En los años siguientes Southcott tuvo muchas más visiones, y poco a poco se fue convirtiendo en la adivina local. Se afirma que auguró malas cosechas para 1799 y 1800, y que predijo el fallecimiento de un obispo en Exeter. Ella creía ser una nueva profetisa bíblica, convencida de que una luz a la que denominaba «el Espíritu» la guiaba y le enviaba mensajes. Cuando leyó la Biblia se identificó con la mujer vestida con el sol mencionada en el Apocalipsis (12;), la enemiga de Satán que aparece antes de la guerra en el Cielo.

Los seguidores de Southcott

En 1801 Southcott publicó un panfleto de sus profecías costeado por ella misma. Sus escritos no tardaron en captar adeptos por todo el país. Al año siguiente, un grupo de simpatizantes adinerados la llevaron a Londres y alquilaron una capilla para que pudiera difundir su mensaje. Los que acudían a esas reuniones recibían unos documentos firmados. En ellos se afirmaba que todos los asistentes formaban parte del grupo de los elegidos. Alas personas que tenían esos papeles se las conocía como los «sellados». Hay que recordar que por entonces se temía que las tropas revolucionarias de Napoleón pudieran invadir Inglaterra en cualquier momento. No se sabe cómo, empezó a extenderse el rumor de que si eso sucedía los «sellados» tendrían más posibilidades de sobrevivir. Desde ese momento los papeles de la señora Southcott empezaron a venderse en el mercado negro.
Durante las guerras napoleónicas Southcott vio aumentada su grey, especialmente entre las clases más desfavorecidas, aunque también se granjeó el apoyo de personas cultas y adineradas. Por otra parte, no tardó en contar con grupos de seguidores por todo el país, que leían con fruición los más de 6o libros y panfletos que escribió, al parecer bajo la influencia del «Espíritu». Estas personas proclamaban insistentemente la inminente llegada de una nueva era. «Creemos que habrá un Nuevo Cielo, tal como declara el Espíritu, y una Nueva Tierra, en la que habitará la Rectitud».
Pero hacia 1814 las tropas de Napoleón habían sido casi vencidas, y los seguidores de Southcott empezaron a disminuir. Justo en ese momento dio su mayor golpe de efecto, anunciando, a la edad de 64 años, que estaba encinta, al igual que la mujer vestida con el sol. El hijo que llevaba en su vientre se llamaría Silo y sería un nuevo mesías que gobernaría todas las naciones con una vara de hierro.
La noticia del inminente parto de la virgen conmocionó la imaginación popular, y a medida que se acercaba la fecha del parto, a las afueras de la casa
donde Southcott vivía empezaron a congregarse grandes multitudes por las noches. La vidente mostraba todos los signos del embarazo; de hecho, se dice que de los 2,1 médicos consultados, 17 confirmaron la noticia. Sin embargo, no nació ningún niño, y la salud de la propia Southcott empezó a deteriorarse. La vidente falleció dos meses después de la fecha en la que se esperaba el parto. La autopsia que se le practicó no reveló ningún signo obvio de enfermedad. Es posible que simplemente perdiera la fe en su misión, y con ella, el deseo de vivir.
Tras su muerte el interés por sus revelaciones empezó a debilitarse, menos un pequeño grupo de creyentes que mantuvieron su fe contra viento y marea. A mediados del siglo XDí seguían en activo varias docenas de seguidores de Southcott. Incluso en el siglo XK hay personas que se han negado a creer en la muerte de Southcott. Según ellos, la profeta se perdió misteriosamente en un páramo para estar más protegida, como le pasó a su referente del Apocalipsis, «para ser alimentada durante un tiempo, y mucho tiempo… lejos de la serpiente».
hechizos
Este grabado de la época fue realizado por Isaac Cruikshanks. En él aparece la profetisa Joanna Southcott atacando a los obispos. De hecho, aunque los obispos se negaron sistemáticamente a refrendar sus revelaciones, Southcott nunca dejó de buscar su aprobación.

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