Iluminados

En junio de 1876 Toro Sentado, que además de jefe de la tribu sioux de Lakota era visionario, se dirigió al pie de un escarpado afloramiento rocoso situado en la región del rio Powder, en el centro de Montana, en busca de una visión. Su pueblo, los sioux, atravesaba una grave crisis. El Gobierno estadounidense había enviado tropas para obligarles a abandonar sus ancestrales territorios de caza para establecerse en una reserva del sur de Dakota especialmente preparada para ellos. El líder indio, que por entonces tenía cuarenta y cinco años, necesitaba ayuda para resolver la situación de la mejor manera posible y se retiró a las colinas para orar.
Al final de su retiro Toro Sentado llegó a la conclusión de que tenía que realizar la danza del sol, el ritual sagrado de los sioux. En primer lugar, hizo cincuenta cortes en su piel, ofreciendo ese «manto escarlata» de autosacrificio al Gran Espíritu. Después, el jefe indio pasó veinticuatro horas bailando al aire libre sin cesar, hasta que cayó agotado al suelo. Sumido en ese trance recibió la revelación que estaba buscando. Vio cómo del cielo caían unos soldados blancos «como saltamontes», que fueron a parar a su poblado. Esa era la señal que Toro Sentado había estado esperando. Poco después, los sioux y sus aliados, los cheyenes, derrotaron a la caballería norteamericana del general George Armstrong Custer junto al río Little Bighorn, obteniendo una célebre victoria que confirmaba la visión del gran jefe.
Pero ese triunfo fue una rara excepción dentro de la triste lucha de los pueblos indios contra la invasión de los blancos. Uno de los rasgos característicos de esa prolongada tragedia fue la aparición de una serie de líderes religiosos visionarios que afirmaban poseer un mensaje especial del mundo espiritual que, si se cumplían ciertas condiciones, podría detener la masiva retirada de sus gentes y restaurar la edad dorada de los cazadores-recolectores. Fueron mayormente los hombres blancos quienes adjudicaron a estos individuos el título de «profetas», estableciendo un evidente paralelismo con los adivinos del Antiguo Testamento. Sin embargo, el término tenía un doble significado, pues todos esos líderes estaban vinculados a la antigua tradición de las visiones en trance, derivada en última instancia de los chamanes siberianos, y llevadas de Asia a América en el pasado remoto a través del Estrecho de Bering.

Profetas del norte y del sur

El primer indio que obtuvo ese título fue Popé, un curandero de la tribu pueblo que lideró una revuelta contra los conquistadores españoles en lo que hoy día es Nuevo Méjico. Su movimiento, apoyado por casi todas las tribus pueblo, se inició como reacción a una serie de actividades proselitistas realizadas por los misioneros españoles que parecían amenazar las costumbres y creencias tradicionales. Popé mantenía que sus iniciativas seguían instrucciones que le dábanlos espíritus de sus ancestros, en su caso los kachinas sagrados, unos seres míticos que volvían a la Tierra cada invierno. El objetivo de Popé consistía en restaurar el orden del pasado, y durante un tiempo lo consiguió: en agosto de 1680 expulsó a los conquistadores de Santa Fe.
Pero también esta historia tuvo un desenlace triste: Popé fue derrocado por su propia tribu y murió en 1692. Poco después la zona quedó de nuevo sometida al Gobierno español.
Mucho más al norte, durante la segunda mitad del siglo XVIII apareció entre los indios delaware una serie de profetas en respuesta a la creciente invasión del hombre blanco. De todos esos visionarios, los más conocidos fueron Neolin, que apoyó a Pontiac, el jefe de Ottawa en su ataque a Detroit en 1768, y Wangomend, un indio munsee que llevó su mensaje a los indios de Ohio.
Al igual que Popé, los profetas delaware tuvieron visiones y, sobre todo, trataron de inspirar a su pueblo. En su mensaje la adivinación constituía un aspecto secundario. Su visión del futuro solía retroceder a una era idílica, antes de que el hombre blanco llegara a América. Sin embargo, no deja de ser irónico que los profetas recogieran ideas de los misioneros cristianos. Así, Wangomend recibió la influencia de los misioneros de Moravia.
profecias
Los sioux de Lakota que tuvieron visiones sagradas y poderosas, como le sucedió a Toro Sentado, pertenecían a idílicas sociedades fraternales. Ser miembro de una de ellas otorgaba influencia y honor, aunque también obligaba a actuar desinteresadamente, buscando el bienestar de los demás.

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