El reinado del Anticristo

La profecía del Anticristo se encuentra estrechamente unida a la del Mesías, ya que es su enemigo y antítesis. Obviamente, esta predicción adquiere plena vigencia con el cristianismo, pero tiene sus raíces en el Antiguo Testamento. Incluso existen claras indicaciones de la posible identidad del Anticristo: éste no es otro que Antioco IV Epífanes, el gobernante cuyas acciones impías estimuláronlas primeras esperanzas judías respecto al Salvador. De todos modos, en este contexto el término anti-Mesías probablemente resulte más apropiado.
Daniel no sólo anticipó la llegada del Hijo del hombre, además describió detalladamente al ser depravado que el Mesías debía vencer. El profeta vio cuatro bestias que representaban a las potencias foráneas que habían dominado Israel, y relacionó el anti-Mesías con la cuarta de esas bestias, la que simbolizaba a los Seleucidas griegos que dominaban Israel tras el reinado de Alejandro Magno, en el siglo II a.G. Daniel afirmó que el anti-Mesías vendría precedido de diez reyes, y efectivamente, Antioco fue el décimoprimer rey de la dinastía Seleucida. El anti-Mesías vencería a tres reyes: Antioco había conquistado a dos faraones egipcios y a un gobernante de Chipre. El malvado ser blasfemaría, «insultaría a los santos más sagrados» y «trataría de cambiar los tiempos y la ley», tal como hizo Antioco al prohibir a los judíos la práctica de los ritos consagrados que la ley de Moisés prescribía. Pero, según Daniel, un día el anti-Mesías perdería su reino, y los santos recibirían la «grandeza de los reinos bajo del Cielo». Esa promesa fue cumplida parcialmente con el triunfo de la revuelta de los macabeos, gracias a la cual Jerusalén fue liberada y los antiguos ritos restablecidos, si bien los judíos no consiguieron el dominio universal.

La Segunda Llegada de Cristo

Los primeros cristianos vieron en Jesús el cumplimiento de la profecía referente a la llegada del Hijo del hombre; por tanto, no olvidáronla amenaza del Anticristo. En una carta conservada en el Nuevo Testamento el apóstol Juan advertía a los primeros cristianos de que habían aparecido «muchos anticristos», lo cual demostraba la inminencia del final de los tiempos. A continuación, definía el Anticristo como «uno que reniega del Padre y del Hijo». Sin mencionar directamente el término, san Pablo también aludía en su Segunda Carta a los Tesalónicos a la figura del Anticristo, aunque parecía tener en mente un enemigo mucho más preciso, al que denominó «el sin ley», un supuesto hacedor de milagros que debía ser descubierto antes de la llegada del Señor. Concretamente, san Pablo le identificó como uno «que toma asiento en el templo del Señor, y se proclama a sí mismo como Dios». Es casi seguro que Pablo aludía con esas palabras a los emperadores romanos, que en esa época proclamaban su propia divinidad. En la Baja Edad Media la tradición del gobernador impío empezó a asociarse con la del hacedor de milagros embustero. Aparecieron dos libros proféticos de gran influencia denominados textos sibilinos, al igual que los volúmenes de oráculos frecuentemente consultados por los gobernantes romanos. Esos textos presentan una detallada descripción de los acontecimientos que conducen a la Segunda Llegada de Cristo, introduciendo la figura de un gran monarca cristiano, el Emperador de los Últimos Días, que derrota a los enemigos de Cristo. De ellos, el más temible es Gog del país de Magog, un poderoso rey del norte que sólo puede ser derrocado en una titánica batalla, tras la cual el emperador cristiano viaja a Jerusalén para establecer allí su reino. Pero antes de la reaparición de Cristo hay un interludio, breve pero terrible, en el que el Anticristo se hace poderoso confundiendo a muchas personas con supuestos milagros y persiguiendo cruelmente a los fieles que no se dejaran engañar con sus mentiras. El reinado del Anticristo es una última prueba para los justos, pero no dura mucho. Finalmente Dios derrota al usurpador, y Cristo vuelve en el cénit de su gloria para inaugurar su reino en la Tierra, que dura mil años, finalizando el día del Juicio Final.
Durante la Edad Media, millones de personas en toda Europa esperaron que se produjeran esos acontecimientos. Cada vez que aparecía un monarca cristiano poderoso resurgía la expectativa de que fuera el emperador prometido. Cuando tenía lugar una persecución de fieles, los creyentes se consolaban pensando que la Segunda Llegada podía ser inminente. En nuestros tiempos, la profecía aún conserva parte de su vigor, y se siguen haciendo predicciones acerca de la Segunda Llegada.
hechizos
La derrota del Anticristo aparece retratada en este panel, perteneciente a La Leyenda de san Miguel, pintado hacia 1450 por el artista español que se conoce como Maestro de Arguis.

Volver a Profecías