El profeta Merlín

merlin el mago

Este cuadro, La seducción de Merlín, pintado por Sir Edward Burne-Jones en 1874, muestra a la ninfa Nimué seduciendo al mago.

Merlín ocupa un destacado lugar en nuestro acervo cultural gracias a los libros y películas artúricos, pero pocos saben que este mago inició su andadura en las artes mágicas como profeta, y que en calidad de tal tiene precedentes históricos.
Las primeras noticias que nos han llegado de ese célebre mago aparecen en 1185 en uno de los volúmenes más populares e influyentes de la Edad Media: Historia Regum Brittaniae CHistoria de los reyes de Bretaña’), de Geoffrey de Monmouth. Ese libro pretendía recogerla historia de Bretaña entre el año 1170 a.G., aproximadamente, y el siglo VIII d.C., aunque de hecho se puede afirmar que procede en su mayor parte de la fértil imaginación de Monmouth. Además de Merlín, en el volumen también aparece el rey Arturo, pero en el texto el único nexo entre ambos es que Merlín emplea su magia para ayudar a Uter Pendragón a obtener los favores de la futura madre de Arturo mediante estratagemas.
La Historia cuenta que inicialmente Bretaña había sido poblada por los seguidores de Bruto, hijo del héroe troyano Eneas, que inició toda una estirpe de reyes, casi todos ellos imaginarios, entre los que se encontraban el rey Lear y Gymbeline, figuras actualmente conocidas a través de Shakespeare. Geoffrey dio cuenta de la conquista romana, pero, según él, los romanos son poco más que unos sombríos caciques.
La parte más interesante e influyente de la obra de Monmouth es la que narra lo que sucedió cuando los romanos abandonaron la isla. Afirma este autor que el trono de Bretaña fue usurpado por un intruso traidor llamado Worugen, quien no sólo impuso el exilio a los verdaderos herederos del trono, sino que además invitó a unos pueblos de sajones paganos a quedarse en Bretaña en calidad de mercenarios para respaldar su propia posición.
Según la historia, los sajones se sintieron especialmente atraídos por ese pais; tanto que al cabo de un tiempo se volvieron contra Wo rugen, quien buscó refugio en las montañas de Snowdon, con el plan de construir en ese lugar un refugio inexpugnable. Pero todos sus intentos fracasaron, pues los muros de la edificación se derrumbaban una y otra vez. Wo rugen, convencido de que allí había algo mágico, convocó a sus adivinos, quienes le dijeron que la única manera de contrarrestar el hechizo era sacrificar un niño que hubiera nacido sin padre. Para encontrar ese prodigio
Wortigen buscó por todas partes y acabó dando con un jovencísimo Merlín, ya que la madre del mago había quedado embarazada de un espíritu que había mantenido una relación con ella, entidad conocida con el nombre de íncubo, lo cual hacía que el niño fuera huérfano en términos humanos.
Pero Merlín también tenía poderes profetices, y antes de ser sacrificado insistió en retar a los adivinos de Wortigen a un concurso de habilidad. Los integrantes de esa corte de hechiceros intentaron explicar por qué el castillo seguía derrumbándose, pero ninguno dio con la razón. Llegado su turno, Merlín explicó el misterio: la edificación estaba situada sobre un pantano submarino en el que vivían dos dragones enfrentados entre sí. Wortigen hizo sus indagaciones y acabó encontrando a los dragones, uno rojo y otro blanco, que luchaban todo el tiempo.
Una historia profética
Guando le pidieron explicaciones, Merlín respondió con un prolongado discurso profetice que sería celebrado a lo largo de toda la Edad Media como las «Profecías de Merlín». El discurso presentaba nada menos que una historia prof ética de Bretaña en términos alegóricos que hacía mención a un periodo de mil años o más. La primera parte es oscura, pero en ocasiones da de lleno en la diana, lo cual resulta poco sorprendente, puesto que se cree que esas profecías fueron escritas por Geoffrey de Monmouth después de que los hechos hubieran sucedido.
En cuanto a los dragones, Merlín explicó que el dragón rojo representaba al pueblo celta (hoy en día sigue siendo el símbolo nacional gales), y el blanco a los sajones. Al igual que los dragones, ambos pueblos estaban destinados a pelear entre si. Al principio vencerían los sajones, aunque éstos serian derrotados posteriormente por los celtas.

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