El ombligo del mundo

De todos los oráculos del mundo clásico, el más importante fue el de Delfos, en la falda del monte Parnaso, en el centro de Grecia. Según el historiador Diodoro Siculo, las propiedades sagradas de ese lugar fueron descubiertas por un rebaño de cabras. Al inhalar los vapores que emanaban de una fisura del suelo los animales empezaron a comportarse extrañamente, saltando y balando de manera inusitada. Un cabrero que había observado esas anomalías acudió al lugar a investigar. Sucedió que él también se vio afectado por esa sustancia y empezó a hacer profecías. Al poco tiempo el lugar empezó a atraer a multitudes, pero varias personas fallecieron al caerse por el abismo, de modo que terminó adoptándose una decisión prudente: en adelante, se acondicionaría el lugar para que lo ocupara una sola hechicera. Así fue como el hueco se cubrió con un artilugio de tres patas: el famoso trípode.
Existe una leyenda que explica los poderes sobrenaturales del lugar. Según ella, dentro de esa fisura estaba el cadáver putrefacto de un dragón, Pitón, que había sido enviado por la diosa Hera en un ataque de celos para acosar a Leto, que había tenido hijos con el esposo de Hera, Zeus. El hijo de Leto, el dios Apolo, acudió a Delfos para matar al monstruo, y por consiguiente el oráculo quedó consagrado a él.
Algunos historiadores han señalado la existencia de una dimensión política en ese mito por el hecho de que la primera capilla de Delfos probablemente fuera anterior al culto de Apolo. Esos estudiosos han apuntado la posibilidad de que el lugar estuviera consagrado a Gea, la madre Tierra, cuyo culto requería serpientes sagradas. También es muy posible que fuera herencia de esos tiempos el amplíalos (‘ombligo’), una piedra sagrada que supuestamente marcaba el centro de la tierra.

Profetisas de Apolo

En memoria de Pitón, las profetisas de Belfos se denominaron pitias. Al principio solamente había una adivina, que era virgen y además de cuna noble. Pero en una ocasión una pitia joven y hermosa fue seducida por un cliente del oráculo. A partir de ese momento las reglas fueron modificadas, y el rango de pitia sólo se otorgó a las mujeres de cincuenta años en adelante. Se decía que en la última fase del oráculo esas mujeres no eran más que personas de buen talante elegidas entre las campesinas de los pueblos circundantes. Algunas profetisas estaban casadas, pero mientras ejercían su cargo tenían que mantenerse castas.
Cuando el oráculo alcanzó la cima de su popularidad, entre los siglos VI y V a.C., se podía ver a un máximo de tres pitias turnándose en el trabajo.
Por entonces, en torno a las consultas oraculares se había desarrollado un elaborado ritual. En los primeros tiempos el oráculo se abría una sola vez al año, en el cumpleaños de Apolo, pero al cabo de un tiempo la fecha de las consultas quedó fijada para el séptimo día de cada mes, a excepción de los tres meses invernales, época en la que se creía que el dios se iba al norte. Los consultantes tenían que hacer regalos, y con el tiempo se llegó a pedir una cuota mínima que correspondía a dos días de salario. Las ciudades frecuentemente enviaban a sus propios mensajeros para consultar el oráculo, y en estos casos la tarifa era siete veces mayor. El número de clientes del oráculo aumentó espectacularmente, incluyendo reyes y naciones procedentes de todos los confines del mundo antiguo. Paralelamente, Delfos se hizo muy rico, y se construyeron erarios y galerías para alojar las obras de arte que el oráculo iba recibiendo.

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