El hundimiento del Titanic

Si algún desastre ha atraído la atención de los investigadores de lo paranormal, ése ha sido el hundimiento del Titanic, que sucedió durante la noche del catorce al quince de abril de 1913. El tamaño del barco, su suntuoso lujo, su fama de insumergible y su trágica desaparición en las heladas aguas del Atlántico Norte han contribuido a grabar sus últimos momentos en la imaginación popular con tinta indeleble.
Se han escrito libros enteros sobre las premoniciones experimentadas por los pasajeros a bordo del Titanic, y por otros que no llegaron a embarcar debido a un sexto sentido que les indicaba la inminencia de un peligro. Así, cierto hombre de negocios americano canceló su reserva para el fatídico viaje tras recibir una carta y un cable de su esposa desde Nebraska, quien había soñado que veía cómo se hundía el barco. Por su parte, una mujer que presenció la salida del Titanic del puerto desde el estrecho de Solent declaró súbitamente: «¡Ese barco va a hundirse antes de llegar a América!», y pidió bruscamente a quienes la rodeaban que hicieran algo para detener el barco.

El escritor profético

Pero la más extraña profecía sobre el destino del trasatlántico había aparecido mucho antes de que éste hubiera sido concebido siquiera. Procedía de la pluma de Morgan Robertson, un autor poco conocido en América. En su juventud Robertson había sido marinero, pero posteriormente recurrió a la escritura para ganarse la vida. Sus relatos breves están inspirados en el pasado marítimo de su autor. Para Robertson, escribir no resultaba fácil. Permanecía sentado horas y horas hasta que le llegaba la inspiración, momento en el que se ponía a escribir febrilmente. En palabras de un amigo suyo, el autor «creía implícitamente que una especie de alma desencarnada, una entidad espiritual con talento literario que no podía expresarse, se había apoderado de su cuerpo y de su cerebro». A Robertson le gustaba denominar a esta especie de demonio inspirador su «amigo astral escritor». En 1898, catorce años antes del hundimiento del Titanic, Robertson sintió el impulso de iniciar una novela, a la que dio el título de Futilityj que sería extraordinariamente profética. La acción se desarrollaba en un lujoso barco británico del que se decía que era insumergible. Se trataba del mayor de su época, y estaba haciendo la travesía del Atlántico Norte. En la novela la embarcación zarpa en su viaje inaugural en el mes de abril. Unos días después choca con un iceberg y se hunde, causando la desaparición de muchos cientos de víctimas, cifra que se ve incrementada a causa de la escasez de botes salvavidas. En todos esos aspectos Robertson adivinó adecuadamente el destino del Titanic. Pero la coincidencia más sorprendente es el nombre que eligió para su barco: el Titán.
Este autor también se acercó notablemente al suceso de 1913 en otros detalles. El autor dio a su buque tres hélices, diecinueve compartimentos estancos y veinticuatro botes salvavidas; el Titanic tenia tres hélices, dieciséis compartimentos estancos y veinte botes salvavidas. Abordo del Titán viajaban tres mil pasajeros, y el barco chocaba contra el iceberg a una velocidad de veinticinco nudos, mientras que el Titanic llevaba dos mil doscientos veinticuatro pasajeros y en el momento fatídico viajaba a veintitrés nudos. Los críticos han señalado que, como buen hombre de mar, Robertson podía tener una idea bastante clara de lo que llegaría a ser un barco de lujo en el futuro, y de lo que se podía esperar de él. Así y todo, su obra constituye uno de los ejemplos históricos más extraordinarios de previsión acertada, con independencia de que se prefiera considerarla una premonición o una predicción racional.
Una advertencia desoída
Más de veinte años antes de navegar hacia su muerte a bordo del Titanic, el conocido periodista y espiritista inglés W.T. Stead publicó un relato titulado De cómo el buque se hundió en pleno Atlántico, por un superviviente, en el que un enorme buque transoceánico se va a pique tras chocar con otro barco. Debido a la escasez de botes salvavidas se pierden muchas vidas humanas. Stead escribió: «Eso es exactamente lo que podría suceder, y sucederá, si los barcos zarpan con pocos botes salvavidas». Por desgracia, esas palabras iban a convertirse en realidad: el Titanic sólo llevaba botes para la mitad de los pasajeros.
profecias
Una acuarela de la época recrea el hundimiento del Titanic tras haber chocado con un iceberg. Existen numerosos relatos sobre personas que tuvieron premoniciones de la tragedia. Otros volúmenes tratan de refutar esas intuiciones, adjudicándoles explicaciones lógicas. Pero el volumen de premoniciones sobre ese acontecimiento resulta impresionante por sí.

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