El apocalipsis de san Juan

De todos los libros proféticos de la Biblia, el más influyente en el contexto cristiano ha sido el último: la Revelación de san Juan o Apocalipsis. Se trata de un texto relativamente corto escrito en un estilo visionario de gran vigor poético. Algunas de sus imágenes han pasado a formar parte del acervo popular-, mucha gente ha oído hablar de los cuatro jinetes del Apocalipsis, el número de la bestia o la nueva Jerusalén sin haber leído el libro. Además, el Apocalipsis es una obra de gran complejidad que ha generado más interpretaciones divergentes que casi cualquier otro texto de la literatura mundial.
Su autor se presenta como «Juan». Durante mucho tiempo se creyó que se trataba de san Juan, el apóstol que escribió el cuarto evangelio. Esa atribución, aunque hoy día se cuestiona por razones de estilo, está respaldada al menos por un testigo fiable. Se trata de Ireneo, natural de Asia Menor, que vivió durante el siglo II d.C., y acabó siendo obispo de Lyon. En su juventud, Ireneo tuvo ocasión de conocer a varias personas del entorno de Juan. Pero además proporcionó una supuesta fecba de redacción del Apocalipsis: según él, el texto se remonta al último periodo del reinado de Domiciano, a finales del siglo I d.C.

Un trauma que alienta la esperanza

Esa fecha es significativa. En términos bíblicos, el Libro del Apocalipsis aparece tardíamente, ya que desde los tiempos de Cristo y durante los reinados de los dos primeros emperadores romanos, Augusto y Tiberio, habían sucedido muchas cosas. Concretamente, la iglesia cristiana de los primeros tiempos se había visto afectada por tres acontecimientos particularmente traumáticos desde el día de la crucifixión. El primero de ellos sucedió durante el reinado de Nerón, quien gobernó entre los años 54 y 68 d.C. Nerón fue un emperador inestable, y posiblemente estuviera loco. En el año 64 d.C., gran parte de la ciudad de Roma fue destruida por un terrible incendio, y la opinión pública imputó el desastre al emperador. Según ciertas versiones, Nerón, que era un músico con cierto talento, había estado «tocando su instrumento mientras Roma ardía». Pero, además, corrían rumores de que el incendio había sido iniciado por el propio Nerón solamente para disfrutar contemplando las llamas. Cuando esas habladurías llegaron a oídos de Nerón, éste decidió buscar un chivo expiatorio al que pudiera echar la culpa de todo, y se le ocurrió recurrir a los cristianos, que por entonces eran una comunidad reducida, aunque de dimensiones crecientes, cuyas creencias se consideraban extranjeras, y que además habían caído en desgracia ante el emperador por negarse a venerarlo como un dios. Se organizó una redada de cristianos-, hoy día no sabemos a cuántos capturaron. Se les acusó de incendiarios, y se les condenó a morir de forma espantosa. A algunos cristianos les prendieron fuego como antorchas humanas. Otros fueron crucificados. Otros, recubiertos con pieles de animales, fueron arrojados a las bestias en el Coliseo.
El segundo trauma que dejó una huella indeleble en el Apocalipsis fue la derrota de la revuelta judía y la conquista de Jerusalén por los romanos en el año 70 d.C. Esa rebelión, inspirada por zelotes que esperaban la llegada de su propio mesias, fue sofocada con una brutalidad espantosa. El templo fue destruido, y el sacerdocio, abolido. Por si fuera poco, los impuestos que hasta entonces habían financiado el templo pasaron a engrosar las arcas del tesoro imperial de Roma.
Como casi todos los cristianos primitivos, el autor del Apocalipsis se sentía muy vinculado al pueblo judio. En el momento de escribir el libro, los desastres que habían golpeado al pueblo judío, muy recientes, seguían siendo dolorosos. Al oír las profecías de la nueva Jerusalén, las gentes no podían por menos de recordarla antigua Jerusalén, prácticamente destruida. Y lo que es peor, los líderes del movimiento de represión a los judíos se habían hecho con el gobierno del Imperio al que pertenecía no sólo Judea, sino la mayor parte del mundo conocido. Vespasiano, el jefe militar enviado originalmente para sofocar la revuelta, había sido proclamado emperador en Roma antes de que su labor hubiera terminado. El encargado de terminar la guerra fue Tito, el hijo de Vespasiano, Tito, que heredó el trono a la muerte de su padre.
Pero Tito murió en el año 81 d.C. Le sucedió en el trono Domiciano, su hermano menor, un emperador cruel y tiránico que se asignó el título de «señor y dios». Durante su mandato se inició el tercer suceso de influencia decisiva en el Apocalipsis: la primera persecución sistemática de los cristianos. Bajo el mandato de Domiciano las ejecuciones por traición se convirtieron en un hecho frecuente, el número de espías se vio multiplicado y el cristianismo fue prohibido. Los creyentes a los que Juan dirigía su mensaje, a pesar de encontrarse en posición de minoría disidente en un estado totalitario, se habían comprometido en cuerpo y alma con sus ideales. Sólo en este contexto se entiende la aparente oscuridad de los textos de Juan, que eran ilegales, estaban desautorizados y se difundían clandestinamente. En esa situación el autor no podía expresar abiertamente todas sus ideas; muchas veces tenía que contentarse con sugerirlas.
hechizos
San Juan Evangelista aparece retratado mientras recibe inspiración divina para escribir el Apocalipsis en este grabado de Alberto Durero realizado en 1496.

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