Adivinación africana

Por las vastas extensiones africanas se practican o se han practicado casi todas las formas de adivinación que el ser humano conoce. Una fuente enumera más de 6o métodos diferentes, y es casi seguro que no los abarca todos. La antigua tradición chamánica, en la que ciertos individuos entran en trance para consultar al mundo de los espíritus, mantiene su vigencia, y se emplea principalmente para averiguar las causas de las enfermedades y para detectar hechizos hostiles. Existen augures que, a semejanza de sus correlatos romanos, buscan señales relevantes estudiando las estrellas o contemplando el vuelo de los pájaros. También se emplean diversas formas de cristalomancia con recipientes llenos de agua, y complejos sistemas basados en echar algo a suertes que rivalizan con el I Ching. En el
pasado existieron incluso oráculos formales semejantes al de Delfos. En Arochukwu, Nigeria, las autoridades coloniales británicas cerraron un famoso oráculo en 1900 al comprobarse que los sacerdotes del lugar hacían desaparecer a los consultantes insatisfechos. Supuestamente, un dios iracundo devoraba a las victimas, pero en realidad éstas eran vendidas en el mercado de los esclavos del puerto de Bonny, 130 km al sur.
La clientela que consulta a los adivinos es de lo más variopinto. Hay desde jefes de tribu que desean saber cuál es el mejor momento para realizar una celebración ritual o para iniciar la cosecha hasta personas que han sufrido grandes desgracias o enfermedades, o que simplemente están preocupadas sobre su futuro. Un adivino puede tratar problemas de infertilidad, enfermedades de ganado o casos de personas poseídas por espíritus malignos. Su rol profesional en el seno de las sociedades tradicionales africanas a menudo es paralelo al de los médicos y psiquiatras occidentales.

Animales oraculares

La adivinación animal es una técnica que goza de una popularidad inusitada. La tribu de los azande, entre Sudány la República Centroafricana, tiene un oráculo con nidos de termitas. Para responder a una pregunta con dos posibles respuestas los adivinos azande meten dos ramas en el nido, una en cada lado, y las dejan ahí toda la noche. El resultado depende de la rama que las termitas devoren. Si no se comen ninguna se interpreta que el mundo de los espíritus se niega a dar respuesta a esa cuestión.
La tribu dogon, que vive en Malí, al sur del río Níger, se vale de una tradición más compleja. En su caso, el animal oracular es el zorro de Rüppell, un tímido depredador nocturno que ronda las inmediaciones de sus asentamientos. Los adivinos (en su mayoría hombres) tienen parcelas de terreno simétricas que dividen en parrillas, las cuales, a su vez, subdividen en áreas muy pequeñas. Cada una de ellas simboliza una respuesta a cierta pregunta. Tras preparar la parrilla, el adivino musita una invocación al zorro y al espíritu que éste representa (se cree que el animal «habla al espíritu»), y rellena las lineas divisorias de las áreas con cacahuetes (el cebo).
A la mañana siguiente, el adivino vuelve para inspeccionar el lugar. En el supuesto de que no haya acudido ningún zorro, o de que el mal tiempo haya borrado las marcas, la consulta no tiene valor. Pero en la mayoría de los casos el adivino puede observar las huellas que el zorro ha dejado por las distintas áreas de la figura y, por consiguiente, dará respuesta a los interrogantes planteados por el consultante a partir de las marcas que ha dejado el animal, a semejanza del procedimiento utilizado por los augures romanos.

Tiradas de espíritus

En el sur de África existe una tradición muy arraigada de «echar los huesos» (como se echarían los dados) que se remonta a la cultura originada en el GranZimbabwe, o puede que incluso anterior. Un sistema muy popular emplea cuatro huesos, aunque también se pueden emplear piezas de marfil, asta o madera. Esos huesos, una vez arrojados, pueden dar un total de 16 respuestas diferentes. Cada pieza posee su propia identidad: masculina o femenina, joven o anciana. Otros adivinos emplean un número de huesos de caña mucho mayor, que puede llegar a 6o. En este sistema cada hueso también posee un significado propio. La interpretación de las tiradas se basa en la manera de caer de las piezas y en su relación entre sí. Los adivinos que emplean conchas de cauri en los mercados del este de África emplean un método similar.
Pero probablemente la más conocida de todas las tradiciones oraculares africanas sea el sistema ifa empleado por el pueblo yoruba, al este de Nigeria, Beniny Togo. Los sacerdotes ifa utilizan nueces de palma que arrojan de mano en mano sobre una tabla adivinatoria cubierta de serrín, haciendo anotaciones en el polvo en función del número de nueces que queden en la mano que empezó al final de la cadena. En total, se precisan ocho marcas, colocadas de derecha a izquierda y hacia abajo en columnas pareadas. Las marcas consisten en una linea, individual o doble, lo cual permite 16 combinaciones. Cada combinación corresponde auno de los odu mayores, que son los espíritus adivinatorios enviados por el dios Orunmila en tiempos remotos para iluminar a la humanidad. Una vez identificado el odu relevante, el adivino y su cliente hablan del tema de la consulta a la luz de los conocidos atributos adivinatorios del espíritu. Asi, el consultante se beneficia de la prolongada experiencia del sacerdote con problemas similares al suyo, y se consuela pensando que el mundo de los espíritus también se preocupa por él.
profecias
Un adivino dogon de Malí. En primer lugar, ha rastrillado un rectángulo en el suelo, y ahora lo vemos trazando una serie de señales complejas en cada área. Es posible que las ramitas representen hombres, y los tallos de hierba, mujeres. El carbón puede emplearse para simbolizar conjuros, mientras que los montículos de tierra pudieran significar la presencia del mal.

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