Mandrágora

hechizos

La Mandrágora, a la cual los griegos dedicaban un verdadero culto —vieron en ella una forma humana y le concedieron unos poderes de carácter mágico—, para los asirios, egipcios, griegos y romanos era lo que el ginseng fue para los asiáticos.

Pero así como el ginseng siempre suscita tanto interés en los hombres de Asia, y ahora en Europa y Occidente, parece que la mandragora -que tuvo reputación de ser una fruta satánica, durante la Edad Media-y sus virtudes, aunque ricas y valiosas, pero peligrosas, no interesan mucho actualmente, ya que éstas pueden resultar fatales.

En efecto, la mandrágora contiene un veneno mortal, la atropina, que toma su nombre de Átropos, una de las tres Parcas o divinidades del destino de la mitología griega, que tenían la función de hiladoras del destino humano, cuyo hilo se encargaba de cortar. Al respecto, la mandragora presenta muchas similitudes con la belladona.

Sin embargo, lo que distingue a estas dos plantas —aparte de que no tienen el mismo aspecto, la raíz de la mandrágora puede alcanzar hasta 60 centímetros y recuerda la estructura de un cuerpo humano, mientras que la planta visible aparece bajo la forma de largas y anchas hojas que recubren el suelo sin elevarse- son las propiedades afrodisíacas de la mandrágora, que le valieron el nombre de planta fecundante. También era utilizada por sus virtudes somníferas, alucinógenas y anestésicas.

En la Edad Media, tanto por sus efectos como por su forma, se convirtió en un talismán muy buscado, que se empleaba para atraer el amor y protegerse de los maleficios.

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