Una pista sobre la Atlántida

Un cable roto ofrece una nueva pista

Aquí cabe una pregunta que debe ser añadida al enigma histórico de la Atlántida: ¿por qué solamente ha sido en los últimos cinco o seis mil años cuando el hombre ha progresado, tras los descubrimientos de los metales y la escritura? ¿No sería nuestra civilización actual un simple reflorecer de una gran cultura antigua, destruida probablemente por un cataclismo universal? Así es como piensan los que creen en la existencia de un continente perdido.
Recordemos que, en 1898, el cable submarino que enlazaba el Cabo Cod con Brest, en Francia, se rompió a unos 700 kilómetros de las Azores.
Para repararlo, fue preciso realizar sondeos en aquel lugar. De una profundidad de 3.000 metros, las garras metálicas extrajeron pedazos de roca basáltica que el análisis probó era lava volcánica. Se descubrió también que se había enfriado en condiciones normales, es decir, en presencia del aire y a la presión del nivel del mar. La lava poseía una estructura amorfa, al contrario de la que se solidifica debajo del agua, a grandes presiones, la cual adquiere una estructura cristalina. Se sabe también que la lava se disgrega completamente cuando se halla sometida al agua del mar, durante un largo período de tiempo. Luego, concluyeron los geólogos, aquella muestra fue expelida por un volcán, hacía entre unos 10 a 12 mil años, y este volcán, en aquella época, se hallaba en la superficie. ¿Cómo explicar el sentido de este descubrimiento?
El hecho, confirmado por el famoso geólogo Termier, atrajo la atención de los científicos hacia las regiones de las Azores. Pasó un siglo, entre nuevos estudios y sondeos. Ahora sabemos que aquel punto del océano es mucho más llano de lo que se creía, y que las Azores son tan solo los picos de las más altas montañas de esta plataforma submarina de enormes proporciones. Aún hoy, la región presenta intensa actividad volcánica, y podría ser la Atlántida de Platón, «mayor que Libia y Egipto reunidos».

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